Era el 27 de junio de 1999 en San Francisco. Los X Games —el mayor evento de deportes extremos del mundo— estaban llegando a su fin. La competición de skateboard vert había terminado oficialmente y los otros competidores habían abandonado la rampa. Pero Tony Hawk, que llevaba 12 años intentando un truco que muchos consideraban imposible, pidió un último turno. Lo que ocurrió a continuación es el momento más icónico de la historia del skateboard.
Doce años persiguiendo dos vueltas y media
El 900 —llamado así porque implica 900 grados de rotación, es decir, dos vueltas y media completas en el aire— era el santo grial del skateboard vert desde los años 80. Los mejores skaters del mundo lo habían intentado. Nadie lo había conseguido. Las caídas eran brutales: a esa velocidad y altura, un error de cálculo podía suponer una lesión seria.
Hawk había empezado a intentarlo en 1987. Durante más de una década, había acumulado docenas de caídas y varios intentos que se quedaron a milímetros del éxito. Para 1999, con 31 años —una edad avanzada para el skateboard competitivo—, muchos en el circuito pensaban que si alguien iba a conseguirlo algún día, ese momento era aún lejano.
El undécimo intento que cambió la historia
Durante la Best Trick de los X Games 1999, Hawk falló en sus primeros diez intentos del 900. El tiempo oficial de la competición expiró. Los jueces dieron la competición por terminada. Pero los otros skaters presentes —muchos de ellos rivales directos de Hawk— empezaron a corear su nombre y a pedirle que lo intentara una vez más. Los jueces cedieron.
En el undécimo intento, Hawk alcanzó la altura necesaria, ejecutó las dos rotaciones y media con precisión milimétrica y aterrizó sobre la tabla. La rampa y el pabellón entero estallaron. Hawk, con el casco torcido y los brazos abiertos, gritó de una manera que lo decía todo. La cadena ESPN, que lo retransmitía en directo, lo repitió una y otra vez. Esa noche, el skateboard entró en la cultura popular de una manera definitiva.
El videojuego que lo inmortalizó
Pocos meses después del 900, salió al mercado Tony Hawk’s Pro Skater, uno de los videojuegos más vendidos e influyentes de la historia. El juego permitía a millones de personas ejecutar virtualmente el 900 y otros trucos imposibles, llevando el skateboard a audiencias que jamás habían pisado una rampa. La franquicia vendió más de 30 millones de copias y transformó a Hawk en una figura reconocible mucho más allá del mundo del skate.
Lo que vino después
En 2012, un niño de 12 años llamado Tom Schaar ejecutó en un MegaRamp lo que muchos habían considerado el siguiente paso imposible: el 1080, tres rotaciones completas en el aire. La hazaña dejó claro que los límites del skateboard siguen moviéndose. Hawk, que fue el primero en felicitar a Schaar, lo celebró con la misma generosidad con la que sus compañeros le habían cedido ese último intento en San Francisco en 1999.
El 900 sigue siendo el símbolo de que los límites del deporte —y del cuerpo humano— son más elásticos de lo que parecen.