Mark McMorris es uno de los snowboarders más completos e inspiradores de la historia del slopestyle, y su historia tiene una dimensión que va más allá del deporte: sobrevivir a un accidente casi mortal en 2017 y volver a ganar una medalla olímpica menos de un año después es uno de los retornos más extraordinarios que el deporte de alta competición ha producido. Nacido el 9 de diciembre de 1993 en Regina, Saskatchewan, Canadá, acumula tres medallas olímpicas en slopestyle y un palmarés en X Games que lo convierte en una de las figuras más laureadas del freestyle sobre la nieve.
Saskatchewan: el origen de un campeón improbable
Regina, en la pradera canadiense de Saskatchewan, no es el lugar donde uno esperaría que naciera uno de los mejores snowboarders del mundo. Las grandes montañas están lejos, la nieve es más de tundra que de resort y las instalaciones para el snowboard de élite no son exactamente lo que ofrece el centro de Canadá. Pero McMorris y su hermano Craig —también snowboarder de élite— crecieron con la determinación de superar esa geografía desfavorable.
La familia McMorris viajó a las estaciones de esquí desde que los niños eran pequeños, y la progresión de Mark fue tan rápida que pronto era evidente que estaba destinado a competir en los niveles más altos del circuito internacional.
Los X Games y el palmarés de un dominador
Antes de llegar a los Juegos Olímpicos, McMorris construyó en los X Games el palmarés de un dominador del slopestyle. Más de diez medallas de oro en los X Games, en distintas ediciones y en distintas disciplinas de freestyle, establecieron su reputación como el mejor del circuito en sus años de mayor dominio. Ese palmarés en X Games es el verdadero testamento de su grandeza: son competiciones donde todos los mejores del mundo están presentes y donde no hay lugar para las actuaciones de un solo día.
Sochi 2014 y Pyeongchang 2018: oro y bronce que encuadran lo extraordinario
La plata en Sochi 2014 llegó cuando McMorris era uno de los favoritos del slopestyle masculino. La medalla fue el reflejo de un rendimiento muy alto en un torneo igualmente alto, con rivales que también llevaban trucos de dificultad máxima.
Pero la medalla de bronce en Pyeongchang 2018 tiene una dimensión completamente diferente. Después del accidente de 2017 que lo dejó en estado crítico con fracturas múltiples y órganos dañados, volver a competir ya habría sido notable. Volver a ganar una medalla olímpica, nueve meses después, es uno de los retornos más asombrosos que el deporte ha producido en cualquier disciplina.
El accidente de 2017: la prueba más difícil
En marzo de 2017, McMorris practicaba snowboard de backcountry en la Columbia Británica cuando sufrió una caída grave. Las lesiones fueron devastadoras: mandíbula fracturada, esternón roto, pelvis fracturada, costillas rotas, bazo roto, pulmón colapsado. Fue evacuado en helicóptero y operado de urgencia. Cuando los médicos dieron cuenta del estado de sus lesiones, la posibilidad de que volviera a competir al máximo nivel parecía remota.
Su recuperación fue un proceso largo y doloroso, pero McMorris volvió. Y no solo volvió: volvió a ganar, en el escenario más importante del mundo. Esa capacidad de resistencia hace de su historia algo más que una historia deportiva.
Beijing 2022 y el legado de la consistencia
El bronce en Beijing 2022 cerró un círculo de tres Juegos Olímpicos y tres medallas que definen una carrera de una consistencia extraordinaria en el slopestyle masculino. McMorris es el testimonio de que la grandeza en el snowboard no se mide solo en trucos imposibles o en momentos de genialidad puntual, sino en la capacidad de estar en lo más alto durante una década y de levantarse cuando la vida te derriba con toda su fuerza.