El regalo de Navidad que cambió la nieve
La historia oficial del snowboard comienza en la Navidad de 1965 en Muskegon, Michigan. Sherman Poppen, ingeniero de profesión y padre de familia, ató dos esquís juntos y añadió una cuerda en la punta para que su hija pudiera mantenerse en equilibrio mientras se deslizaba por la colina nevada del jardín. El experimento resultó un éxito inmediato: otros niños del vecindario quisieron probar el artilugio y Poppen comprendió que tenía algo entre manos.
Al año siguiente, en asociación con la empresa Brunswick Corporation, Poppen lanzó al mercado el Snurfer (contracción de snow y surfer), una tabla de madera recubierta de plástico que se vendió por menos de 15 dólares y alcanzó el millón de unidades en pocos años. Era un juguete, no un equipo deportivo: no tenía fijaciones, dependía de la cuerda para el control y no podía usarse en pistas de esquí convencionales. Pero sembró la idea.
Dimitrije Milovich y la búsqueda de las fijaciones
A principios de los años 70, un surfista y esquiador de Utah llamado Dimitrije Milovich comenzó a experimentar con tablas que intentaban reproducir la sensación del surf en nieve. Su empresa Winterstick, fundada en 1972, fue la primera en producir tablas con fijaciones reales —aunque primitivas— y con formas inspiradas en el surf. La revista Newsweek publicó un reportaje sobre Winterstick en 1975, la primera cobertura mediática significativa del deporte.
Milovich introdujo conceptos que hoy son básicos: las puntas levantadas (nose y tail), la forma más estrecha en el centro (waist) y los cantos metálicos para mejorar el agarre en la nieve. Su trabajo fue técnicamente más ambicioso que el Snurfer, aunque Winterstick nunca llegó a la producción masiva.
Jake Burton y Tom Sims: los fundadores de la industria
Los dos nombres más influyentes en la historia temprana del snowboard son Jake Burton Carpenter y Tom Sims. Burton, un apasionado del Snurfer que se había mudado a Vermont, fundó Burton Boards en 1977 con el objetivo de crear tablas con fijaciones que permitieran un control real en pistas de nieve. Trabajó durante años en su garaje, probando diseños y mejorando los prototipos con una obsesión casi monástica.
Tom Sims, por su parte, llegó al snowboard desde el skateboard. En 1963, siendo estudiante de secundaria en Nueva Jersey, había construido en clase de carpintería una tabla para la nieve que podría considerarse un precursor. En los 70, como patinador profesional, retomó la idea y fundó Sims Snowboards en 1977, el mismo año que Burton.
Estos dos pioneros compitieron durante décadas por el liderazgo del mercado y por el título de creadores del snowboard moderno, pero juntos —más que en competencia— construyeron la industria que hoy mueve miles de millones de dólares.
La pelea con las estaciones de esquí
En sus primeros años, el snowboard enfrentó una resistencia feroz por parte de las estaciones de esquí, que lo percibían como un deporte de gamberros incompatible con la cultura del esquí alpino. La mayoría de las pistas estaban vedadas a los snowboarders: se les acusaba de deteriorar la nieve, de ser peligrosos para los esquiadores y de representar una cultura marginal indeseable.
La lucha por el acceso a las pistas fue el primer gran obstáculo del deporte. Burton y sus aliados trabajaron durante años para demostrar que el snowboard era compatible con la montaña, organizando cursos de formación, negociando con gestores de estaciones y promoviendo un código de comportamiento en pista. Para mediados de los 80, la mayoría de las grandes estaciones norteamericanas habían abierto sus pistas a los snowboarders, aunque algunas resistieron hasta los años 90.