Hay carreras deportivas que se miden en títulos y hay carreras que se miden en la huella que dejan en un deporte. Shaun White pertenece a ambas categorías. Con tres medallas de oro olímpicas en halfpipe de snowboard, el californiano de pelo rojo fue durante casi dos décadas la figura más reconocible del snowboard mundial, el atleta que convirtió el halfpipe en un espectáculo televisivo de primera categoría y el hombre que empujó los límites técnicos del deporte hasta lugares que nadie imaginaba posibles.
Su historia también es la de un niño con una enfermedad cardíaca congénita que aprendió a volar por encima de los bordes de una rampa de hielo.
Un niño prodigio con el corazón intervenido
Shaun Roger White nació en 1986 en San Diego, California, y antes de cumplir un año ya había sido operado dos veces del corazón por una malformación congénita llamada tetralogía de Fallot. Sus primeros años de vida estuvieron marcados por los hospitales. Cuando los médicos le dieron el alta definitiva, su familia empezó a llevarle a las pistas de esquí, y a los seis años Shaun ya practicaba snowboard con una habilidad que dejaba perplejos a los adultos de su entorno.
A los nueve años fue patrocinado por Burton Snowboards, la marca fundada por Jake Burton Carpenter que es sinónimo del snowboard profesional. A los quince años compitió por primera vez en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City 2002. No ganó ninguna medalla en aquella ocasión, pero el mundo del snowboard ya sabía que algo extraordinario estaba a punto de ocurrir.
El apodo, el estilo y la marca
Tony Hawk, el rey del skateboard con quien White también practicaba ese deporte, le bautizó como “The Flying Tomato” por la melena roja y rizada que volaba mientras realizaba sus acrobacias. El apodo fue inmediato, perfecto y eterno: aunque White se cortó el pelo años después, “Flying Tomato” quedó grabado en el imaginario deportivo global.
El estilo de White en el halfpipe era técnicamente revolucionario y visualmente hipnótico. Donde otros snowboarders llegaban a la parte superior de la rampa y realizaban giros y volteretas, White llegaba más alto, permanecía más tiempo en el aire y combinaba movimientos que nadie había ejecutado antes con la consistencia con la que él los hacía. El Double McTwist 1260, un truco que implica dos rotaciones completas con dos volteretas, se convirtió en su firma personal en los Juegos de Vancouver 2010.
Tres oros olímpicos: Turin, Vancouver, PyeongChang
El primer oro llegó en Turin 2006, cuando White tenía 19 años. La actuación fue dominante: una puntuación de 41,8 sobre 50 que le situó muy por encima de sus rivales. Vancouver 2010 fue diferente: sabiendo que ya tenía asegurada la medalla de oro en la última bajada, White realizó de todas formas la actuación más difícil de su carrera, ejecutando el Double McTwist 1260 por primera vez en competición olímpica. No lo necesitaba para ganar. Lo hizo porque podía.
PyeongChang 2018 fue el capítulo más dramático. White llegaba a Corea del Sur después de años de lesiones y dudas. A los 31 años, competía contra snowboarders que habían crecido viéndole en televisión. En la última bajada, con la puntuación más alta requerida para superar al japonés Ayumu Hirano, White ejecutó la mejor bajada de su vida: una puntuación de 97,75 sobre 100 que le dio el oro y le hizo llorar sobre la nieve. Las imágenes de White con la bandera americana envuelta en los hombros, llorando, dieron la vuelta al mundo.
El legado: más allá de los oros
Shaun White no fue solo un deportista excepcional: fue el atleta que convirtió el halfpipe de snowboard en un evento televisivo de masas, el hombre que demostró que los deportes de nieve podían generar estrellas con el perfil comercial de un atleta de los deportes de equipo. Su imagen aparecía en cajas de cereales, en anuncios de coches y en portadas de revistas que no tenían nada que ver con el deporte de invierno.
Se retiró tras los Juegos de Pekín 2022, donde no consiguió medalla pero recibió una ovación de todo el estadio al terminar su última bajada olímpica. Tenía 35 años y había competido en cinco Juegos Olímpicos. El snowboard, el deporte que le vio crecer, le despidió como merecía: de pie.