El sumo no es solo un deporte en Japón: es un espejo en el que la cultura japonesa se ve a sí misma. En cada combate de quince segundos se condensa una visión del mundo que lleva siglos construyéndose.
El sumo como símbolo de identidad
Cuando el gobierno Meiji buscó en el siglo XIX los símbolos que definirían la identidad japonesa en la era moderna, el sumo fue una de las elecciones naturales. A diferencia de otros deportes importados de Occidente, el sumo era inequívocamente japonés: en sus raíces, en su estética, en sus rituales y en sus valores.
Esta decisión oficial de convertir el sumo en símbolo nacional tuvo consecuencias profundas. El sumo recibió apoyo institucional, se reguló y se protegió, y se convirtió en el deporte que el Estado japonés promocionó como expresión de los valores nacionales: disciplina, jerarquía, esfuerzo, elegancia en la fuerza y conexión con la tradición.
El sumo en el arte japonés
Los grabados ukiyo-e (imágenes del mundo flotante) del período Edo incluyen algunos de los retratos más famosos de rikishi de la historia. Artistas como Utagawa Kunisada y Katsushika Hokusai representaron a luchadores de sumo con la misma admiración y detalle con que retraban a los actores de kabuki o a las bellezas de la corte. Estos grabados, que circulaban ampliamente como impresiones comerciales, contribuyeron a difundir la figura del rikishi como icono cultural.
En la era moderna, el sumo sigue siendo tema frecuente en el manga, el anime y los videojuegos japoneses. Personajes de sumo aparecen en series populares, y el género del manga deportivo ha producido obras específicamente dedicadas al mundo de los rikishi.
El sumo en el lenguaje cotidiano
La penetración del sumo en el japonés cotidiano es notable. Expresiones como mawashi wo shimeru (literalmente “apretarse el mawashi”) se usan para expresar que uno va a tomarse algo en serio. Oshidasu (empujar hacia fuera) y otros términos del sumo han pasado al vocabulario general. El nombre de los kimarite aparece en metáforas de la vida cotidiana japonesa con una frecuencia que no tiene equivalente en otros idiomas.
El barrio de Ryogoku: el corazón del sumo
El barrio de Ryogoku en Tokio es el epicentro del sumo urbano. Aquí se encuentra el Kokugikan, el Museo del Sumo, docenas de heya (establos) y restaurantes especializados en chankonabe. Pasear por Ryogoku un día de entreno es cruzarse con rikishi en kimono yendo al mercado o al médico, algo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo.
El sumo y la identidad moderna japonesa
En el Japón contemporáneo, el sumo coexiste con la modernidad de una forma que refleja la capacidad japonesa de mantener tradiciones mientras se adapta al mundo. Los basho se transmiten en directo por televisión y por internet, los rikishi tienen cuentas en redes sociales y el público extranjero que asiste al Kokugikan es cada vez más numeroso. El sumo ha encontrado la manera de seguir siendo profundamente japonés mientras se abre al mundo.