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Sumo

El deporte nacional de Japón: luchadores colosales, rituales milenarios y combates de una intensidad única en el dohyo.

El sumo es el deporte nacional de Japón, una disciplina de lucha con más de dos mil años de historia que mezcla atletismo, espiritualidad sintoísta y estricta jerarquía social. Dos rikishi (luchadores) se enfrentan en un ring circular de arcilla llamada dohyo con el objetivo de expulsar al rival del círculo o hacerle tocar el suelo con cualquier parte del cuerpo que no sea las plantas de los pies. El sumo se organiza en seis torneos anuales llamados basho, y sus luchadores escalan un escalafón que culmina en el rango supremo del yokozuna, un título que lleva aparejado un código de conducta y responsabilidades únicas. La influencia de luchadores extranjeros, especialmente mongoles, ha transformado el sumo moderno sin borrar ni un ápice de su esencia cultural.

El sumo tiene raíces documentadas en Japón que se remontan al menos al siglo VIII d.C., cuando aparece descrito en el Kojiki (712 d.C.) y el Nihon Shoki (720 d.C.) como ritual asociado al sintoísmo para propiciar buenas cosechas. Los combates de sumo se celebraban originalmente en los santuarios como ofrenda a los dioses, y el dohyo —el ring circular de arcilla— conserva hasta hoy elementos rituales sintoístas como el techo suspendido que imita los tejados de los templos. El sumo profesional, conocido como ozumo, tomó su forma actual durante el período Edo (1603-1868), cuando se establecieron las primeras cuadras estables de entrenamiento llamadas heya y se instauró el sistema de rangos que aún rige la disciplina. La Japan Sumo Association, fundada en 1925, regula el deporte profesional y organiza los seis torneos anuales basho que se celebran en Tokio, Osaka, Nagoya y Fukuoka.

El escalafón del sumo profesional —la banzuke— está encabezado por el yokozuna, el rango supremo que solo han alcanzado 73 luchadores en toda la historia del deporte. La era contemporánea ha estado dominada por luchadores mongoles: Hakuho Sho, nacido Mönkhbatyn Davaajargal, ganó un récord de 45 torneos basho entre 2006 y 2021, convirtiéndose en el yokozuna más laureado de la historia. Antes de él, Asashoryu fue el primer yokozuna extranjero de la era moderna. Esta hegemonía mongola ha generado un debate profundo en Japón sobre la identidad del deporte: mientras que los puristas lamentan la escasez de campeones japoneses, otros celebran la universalización del sumo. El primer título de un yokozuna japonés en décadas llegó con Kisenosato en 2017, desatando una celebración nacional. Los torneos basho reúnen regularmente a más de 10.000 espectadores diarios en el Kokugikan de Tokio.

La preparación de un rikishi profesional comienza desde la adolescencia en las heya, cuadras de entrenamiento donde los aprendices viven bajo una estricta jerarquía que regula desde la alimentación hasta las horas de sueño. La dieta se basa en el chankonabe, un guiso proteínico que puede superar las 8.000 calorías diarias y contribuye al gran tamaño corporal —los rikishi de élite pesan entre 130 y 180 kilogramos. Los entrenamientos matutinos se centran en el keiko, sesiones de combates libres que desarrollan las 82 técnicas kimarite reconocidas, entre las que destacan el yorikiri (empuje fuerte que saca al rival del ring), el oshidashi (empuje directo) y el uwatenage (lanzamiento de brazo superior). La velocidad en el tachiai —el choque inicial— es fundamental: los combates duran en media apenas tres segundos, aunque pueden prolongarse más de un minuto en los enfrentamientos entre los mejores.

El sumo es hoy reconocido como el deporte nacional de Japón y forma parte indisociable de la identidad cultural del país. La Japan Sumo Association estima que los seis basho anuales atraen en conjunto a más de 500.000 espectadores presenciales, y los partidos se retransmiten en directo por la televisión pública NHK. A nivel internacional, la Federación Internacional de Sumo —fundada en 1992— organiza campeonatos del mundo amateur en los que participan más de 80 países, incluida España, que cuenta con una federación propia activa. El sumo amateur ha ganado popularidad en Europa del Este y en Brasil, donde la comunidad japonesa lo introdujo a principios del siglo XX. En los últimos años, las plataformas digitales han acercado el sumo a audiencias globales, y luchadores como Hakuho cuentan con millones de seguidores fuera de Japón.