Gabriel Medina es el mejor surfista del mundo de su generación y la figura que ha llevado el surf brasileño a la cima del circuito profesional mundial. Nacido el 22 de diciembre de 1993 en Maresias, São Paulo, ganó su primer título mundial en 2014 con apenas veinte años, convirtiéndose en el primer brasileño en conseguir esa hazaña, y desde entonces ha construido una carrera de éxitos que incluye tres campeonatos mundiales y algunas de las actuaciones individuales más espectaculares del surf moderno.
Maresias: el pueblo que cambió el surf
Medina creció en Maresias, una localidad costera del estado de São Paulo que en los años noventa y 2000 se convirtió en un vivero de surfistas de élite. El Océano Atlántico frente a Maresias no ofrece las olas más perfectas del mundo, pero sí una consistencia que permite entrenar durante todo el año, y la cultura del surf de la zona producía una competencia interna muy elevada que empujaba a cada joven surfista a mejorar constantemente.
Medina empezó a surfear de niño y desde muy joven mostró aptitudes para los aéreos —las maniobras en las que el surfista abandona la ola y vuela por el aire— que en ese momento eran todavía algo excepcional en el surf de competición.
El primer título en 2014: la revolución brasileña
Cuando Medina ganó el título mundial en 2014, a los veinte años, el mundo del surf se dio cuenta de que algo había cambiado. El dominio histórico de surfistas australianos, hawaianos y estadounidenses en el circuito había sido interrumpido por un joven de Brasil que surfaba aéreos con una consistencia y una dificultad que nadie había visto hasta entonces en competición.
Ese primer título fue también el pistoletazo de salida de lo que se conoce como la «Brazilian Storm», la oleada de surfistas brasileños que desde mediados de los años 2010 ha dominado el ranking mundial del surf profesional. Medina fue el primero, pero detrás vinieron Italo Ferreira, Filipe Toledo y otros que han hecho de Brasil la nación más exitosa del circuito en esa época.
La evolución técnica: los aéreos como sello
El sello técnico de Medina es su capacidad para los aéreos: maniobras en las que el surfista sube por la sección más elevada de la ola, abandona la superficie del agua y vuela por el aire antes de aterrizar de nuevo sobre la tabla. Medina ejecuta aéreos de una dificultad y una altura que muy pocos surfistas del mundo pueden igualar, y los remata con una consistencia en el aterrizaje que los convierte en puntuaciones muy altas en el sistema de jurado del WSL.
Con los años también ha mejorado su surf en tubeo y en olas grandes, convirtiéndose en un surfista verdaderamente completo que puede competir con garantías en cualquier ola del circuito.
El tercer título y la consolidación de un legado
Su tercer título mundial en 2021 confirmó que Medina no era un campeón puntual sino una figura destinada a dominar el surf durante una década. Su rivalidad con Italo Ferreira —otro brasileño— por el título mundial añadió un elemento inusual al circuito: por primera vez, la batalla por el número uno del mundo era principalmente entre compatriotas. Medina ha convertido a Brasil en la gran potencia del surf mundial y ese es quizás su mayor logro colectivo.