El aerial es la maniobra que más ha transformado el surf competitivo en las últimas dos décadas. Importado del skateboard y el snowboard, el surf aéreo ha llevado el deporte a una dimensión tridimensional que sus pioneros no imaginaban posible. Donde antes el surf se desarrollaba íntegramente sobre la cara de la ola, los mejores surfistas actuales salen propulsados varios metros por encima del labio, ejecutan rotaciones complejas en el aire y aterrizan de nuevo sobre la tabla con una precisión que desafía la comprensión física de lo que es posible sobre el agua.
La generación de un aerial requiere la lectura precisa de la forma de la ola. El surfista busca una sección de la ola donde el labio tenga una forma convexa y relativamente vertical que pueda usar como rampa de despegue. Necesita llegar a esa sección con velocidad suficiente para que al golpear el labio, la energía acumulada lo proyecte hacia arriba. El timing es crítico: llegar demasiado pronto al labio significa que este aún está subiendo y no ofrece la rampa adecuada; llegar tarde significa que ya está cayendo y la ola se ha cerrado.
El aterrizaje es la parte técnicamente más difícil de un aerial. A diferencia del skateboard, donde el suelo es plano y predecible, el surfista aterriza sobre una superficie de agua en movimiento que puede tener la inclinación, la textura y la velocidad más variadas. Los mejores aerialists del circuito mundial han desarrollado un control corporal extraordinario que les permite ajustar la posición de la tabla en los milisegundos finales antes del contacto con el agua, absorbiendo el impacto con las rodillas y recuperando el equilibrio para continuar surfeando la ola.