Si hay un deporte que representa mejor que ningún otro la capacidad de Corea para proyectar su cultura al mundo, ese es el taekwondo. En menos de setenta años, una disciplina de combate que en los años 50 apenas se practicaba fuera de la península coreana se convirtió en el arte marcial más extendido del planeta, con 80 millones de practicantes en más de 210 países. Esta es la historia de esa expansión extraordinaria.
Los orígenes: entre la tradición y la reinvención
El taekwondo moderno no es exactamente un arte marcial ancestral. Aunque tiene raíces en las artes marciales coreanas tradicionales como el taekkyeon y el subak —practicadas desde el siglo I d.C.— el taekwondo tal como lo conocemos fue sistematizado y codificado en la década de 1950, tras la independencia de Corea de la ocupación japonesa.
En 1955, el general Choi Hong Hi propuso el nombre “taekwondo” para unificar las distintas escuelas de artes marciales coreanas bajo una sola denominación. El nombre combina tres términos: “tae” (pie, patada), “kwon” (puño, golpe con la mano) y “do” (camino, disciplina). La definición es casi una descripción técnica del deporte: el camino del pie y el puño.
La exportación deliberada
Lo que distingue la expansión del taekwondo de la de otras artes marciales es que fue, al menos en parte, una política deliberada del gobierno surcoreano. Desde los años 60, el gobierno de Corea del Sur promovió activamente el taekwondo como herramienta de diplomacia cultural. Los instructores coreanos fueron enviados a decenas de países. Los militares coreanos enseñaron taekwondo en las naciones donde estaban destinados. Las embajadas coreanas financiaron la creación de clubes.
El resultado fue una red global de escuelas y practicantes que no tenía precedentes en ningún otro arte marcial. Para los años 80, el taekwondo ya estaba presente en prácticamente todos los países del mundo.
El espaldarazo olímpico
La inclusión en los Juegos Olímpicos fue el catalizador definitivo. El taekwondo fue deporte de demostración en Seúl 1988 —en casa, ante el público coreano, en lo que fue una carta de presentación perfecta— y en Barcelona 1992. La acogida fue tan positiva que el COI lo incluyó como deporte oficial para los Juegos de Sydney 2000.
La olimpificación tuvo consecuencias importantes en el deporte: las reglas se modificaron para favorecer la espectacularidad y la claridad para el espectador, se introdujo la tecnología de detección de impactos en los protectores, y el sistema de puntuación fue revisado varias veces para reducir la polémica en el arbitraje.
El taekwondo más allá del deporte
Una parte significativa de esos 80 millones de practicantes no compite nunca en torneos. Para millones de personas en todo el mundo, el taekwondo es principalmente una forma de ejercicio físico, de disciplina mental y de desarrollo personal. El sistema de cinturones —desde el blanco de principiante hasta el negro de maestro, con múltiples niveles intermedios— proporciona una estructura de progresión clara que mantiene la motivación a largo plazo.
Es un modelo que otras artes marciales y deportes han intentado imitar. La gamificación de la progresión mediante un sistema visual de reconocimiento de nivel, combinada con la cultura del respeto y la disciplina que el taekwondo enseña desde los primeros días, ha demostrado ser una fórmula extraordinariamente eficaz para la retención de practicantes en todas las edades.