En el extenso universo de los deportes humanos, hay pocos elementos tan sorprendentes como este: en Colombia, el deporte nacional incluye en su reglamento oficial el uso de pólvora real. No como elemento decorativo o festivo, sino como parte fundamental del sistema de puntuación. El tejo es, en este sentido, absolutamente único en la historia del deporte.
Una característica sin parangón
Ningún otro deporte reconocido oficialmente por un Estado nacional combina la competición deportiva con el uso de explosivos reales. El tiro olímpico usa munición, pero es un deporte de disparos, no un juego de precisión por lanzamiento. La pirotecnia existe en los Juegos Olímpicos como espectáculo en las ceremonias, nunca como mecánica de puntuación.
El tejo, en cambio, hace de la explosión un punto del marcador. Cada mecha que revienta en el cajón de arcilla vale tres puntos, que es la puntuación más alta del deporte. La pólvora no es un adorno: es el corazón del sistema de puntuación.
Cómo las mechas se convirtieron en la esencia del juego
No siempre fue así. El tejo en su versión original —el turmequé muisca— no incluía pólvora. Las mechas son una adición posterior, probablemente del período colonial tardío o del siglo XIX, cuando el acceso a la pólvora negra se generalizó entre la población colombiana.
La historia más extendida sobre el origen de las mechas apunta a que alguien, en alguna cantina o campo de juego de la Sabana de Bogotá, tuvo la idea de colocar pequeños paquetes de pólvora alrededor del bocín para hacer más emocionante el juego. El experimento funcionó de una manera que nadie podía prever: la explosión del polvorín añadió un elemento de espectáculo, emoción y satisfacción inmediata que transformó el tejo en algo completamente diferente.
La dimensión festiva de la explosión
La explosión de las mechas no es solo un hecho deportivo: es un momento festivo. El estampido seco, la pequeña nube de humo gris, la reacción inmediata de los jugadores y los espectadores… todo ello convierte cada mecha explotada en un mini-evento dentro de la partida.
En los establecimientos donde se juega al tejo, el sonido de las mechas es el sonido del ambiente: indica que el juego está activo, que hay emoción, que alguien ha hecho una buena jugada. Es el sonido del tejo, tan identificable y evocador para un colombiano como el de la campana de su pueblo o la música de su región.
Una peculiaridad que genera fascinación
Para los visitantes extranjeros que descubren el tejo por primera vez, la inclusión de pólvora real en el reglamento es siempre uno de los elementos más sorprendentes. La pregunta “¿hay explosiones de verdad?” es universal entre quienes se acercan al deporte por primera vez.
Y la respuesta es sí: hay explosiones de verdad, pequeñas, controladas, perfectamente integradas en el juego, pero reales. Y esa realidad es parte de la magia del tejo, el deporte más colombiano que existe.