En la historia del tejo colombiano, pocos cambios han sido tan significativos en las últimas décadas como el crecimiento de la participación femenina. Un deporte que durante siglos fue prácticamente de exclusivo dominio masculino ha visto cómo las mujeres colombianas se han incorporado con fuerza al juego, reclamando su espacio en la cancha y alcanzando niveles de excelencia técnica que ya nadie puede ignorar.
Un deporte históricamente masculino
El tejo tiene raíces en una cultura —la muisca— donde los roles de género estaban bien definidos, y también en la sociedad colonial y poscolonial colombiana, donde los espacios de socialización masculina —las cantinas, las teyerías— eran prácticamente exclusivos de los hombres.
Esta herencia histórica hizo que el tejo fuera durante siglos una práctica fundamentalmente masculina. Las mujeres podían asistir como espectadoras o participar de forma informal en las partidas familiares, pero la competición organizada era terreno casi exclusivo de los hombres.
Esta situación comenzó a cambiar de forma significativa a partir de los años ochenta y noventa del siglo XX, cuando las transformaciones sociales de Colombia —la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, el cambio en los roles de género, la mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos— llegaron también al mundo del tejo.
El punto de inflexión: la Ley 613 de 2000
La declaración del tejo como deporte nacional en el año 2000 fue un punto de inflexión para la participación femenina. La Ley 613 reconocía el tejo como patrimonio cultural y deportivo de todos los colombianos, sin distinción de género. Aunque la ley no hacía referencia explícita a las categorías femeninas, su espíritu era claro: el deporte nacional pertenecía a toda la nación.
A partir de ese momento, la Federación Colombiana de Tejo aumentó sus esfuerzos por desarrollar y visibilizar las categorías femeninas. Los campeonatos nacionales comenzaron a dar más espacio y recursos a la competición femenina, y las ligas departamentales empezaron a organizar torneos específicos para mujeres.
El crecimiento en cifras
Las cifras de participación femenina en el Campeonato Nacional de Tejo han aumentado de forma constante en el siglo XXI. Cada edición del torneo ha visto crecer el número de jugadoras inscritas, tanto en la modalidad individual como en parejas y cuartetos.
Las ediciones más recientes del campeonato nacional han alcanzado cifras récord de participación femenina, con representación de prácticamente todas las ligas departamentales activas del país. Este crecimiento es especialmente notable en las categorías juveniles femeninas, donde el número de jóvenes que se inician en el tejo ha aumentado significativamente, lo que augura un futuro brillante para el tejo femenino colombiano.
El nivel técnico, a la par
Paralelo al crecimiento en número, el nivel técnico del tejo femenino colombiano ha aumentado de forma muy significativa. Las jugadoras de élite de la categoría femenina alcanzan hoy un nivel técnico comparable al de los mejores hombres, con porcentajes de mecha similares y una capacidad para colocar el disco cerca del bocín que hace que las finales femeninas sean tan espectaculares e emocionantes como las masculinas.
El reto de la paridad
El reto pendiente del tejo colombiano en términos de género es la paridad real en apoyo institucional, recursos y visibilidad. Las categorías femeninas del tejo todavía reciben menos atención mediática que las masculinas, y los recursos económicos disponibles para las jugadoras son en general inferiores.
La Federación Colombiana de Tejo y las ligas departamentales trabajan en este reto, conscientes de que el crecimiento futuro del tejo como deporte —incluyendo sus aspiraciones de internacionalización— depende de que toda la comunidad tejera, hombres y mujeres por igual, esté representada y apoyada con el mismo compromiso.