En el mundo del deporte olímpico, el dominio de un país sobre una disciplina durante décadas es inusual. En el tenis de mesa, es la norma. China lleva más de cincuenta años en la cima del deporte que el mundo conoce como ping pong, acumulando títulos mundiales y medallas olímpicas con una regularidad que no tiene parangón en ninguna otra disciplina. Entender por qué requiere mirar al sistema deportivo chino, a la cultura del país y a las particularidades de un deporte donde la ventaja acumulada se retroalimenta sin cesar.
El tenis de mesa llegó a China a principios del siglo XX como un juego de importación occidental. Durante décadas fue un pasatiempo popular sin aspiraciones de élite. Todo cambió en 1959, cuando Rong Guotuan ganó el primer título mundial para China, un hito que el régimen comunista utilizó como elemento de propaganda y que elevó el estatus del deporte de forma instantánea. Desde ese momento, el Estado chino invirtió recursos significativos en construir el sistema que hoy produce campeones de manera casi industrial.
El sistema de selección: la pirámide más competitiva del mundo
La clave del dominio chino es el sistema de selección. China tiene más de 300 millones de practicantes de tenis de mesa, el mayor número de cualquier país del mundo por un margen enorme. De esa base de practicantes, el Estado filtra a los más talentosos desde edades tempranas a través de escuelas deportivas provinciales, selecciones regionales y, finalmente, la selección nacional.
La competencia interna en China es más intensa que la competencia internacional. Los jugadores que aspiran a representar al país deben superar a rivales que en cualquier otro país del mundo serían el número uno nacional. Esta presión competitiva constante es el motor del nivel técnico extraordinario de los jugadores chinos: han sido forjados en torneos donde cada punto tiene consecuencias para su futuro en el sistema.
La liga nacional: el mejor circuito del mundo
La Super Liga china de tenis de mesa, conocida como China Table Tennis Super League (CTTSL), es el torneo por equipos más competitivo del planeta. Las mejores jugadoras y jugadores del mundo, incluyendo los propios representantes chinos, compiten en esta liga con un nivel que supera al de cualquier competición por equipos europea o asiática.
Para muchos jugadores no chinos, la posibilidad de competir en la Super Liga es la mejor forma de acercarse al nivel de los mejores del mundo. Algunos países, como Alemania o Suecia, han producido jugadores de nivel mundial precisamente porque sus selecciones han tenido acceso a competiciones de alto nivel contra rivales chinos.
Los cambios reglamentarios: intentos de equilibrar
La ITTF, consciente del problema de imagen que supone que un solo país gane casi todo, ha introducido a lo largo de los años cambios reglamentarios orientados a reducir la ventaja china. El cambio de la pelota de 38 a 40 milímetros en 2000, el posterior paso a la pelota de plástico en 2015 y las restricciones sobre los adhesivos de las palas fueron medidas que afectaban especialmente al estilo de juego chino, basado en el spin extremo.
El resultado de estos cambios fue limitado. China adaptó su juego a las nuevas condiciones y siguió dominando. Esta capacidad de adaptación rápida es en sí misma una demostración de la superioridad del sistema chino: cuando las reglas cambian, China tiene suficiente profundidad de talento para encontrar nuevas soluciones más rápido que cualquier otro país.
El futuro: ¿puede alguien desafiar a China?
Las naciones que más se han acercado al dominio chino en las últimas décadas son Japón, Corea del Sur y algunos países europeos como Alemania. Japón, con jugadores como Harimoto Tomokazu o Ito Mima, ha invertido masivamente en el desarrollo del tenis de mesa y ha dado señales de ser la amenaza más seria. Pero derribar la pirámide china exige no solo tener buenos jugadores: exige replicar un sistema de selección, formación y competencia que China lleva décadas perfeccionando.