Imagina un partido de fútbol sin árbitro. O un partido de baloncesto en el que los propios jugadores decidieran si sus tiros eran canastas válidas o si habían cometido pasos. En casi cualquier deporte de equipo, la idea resulta absurda: la presión competitiva, el incentivo de ganar y la dificultad objetiva de juzgar las propias acciones hacen que la figura del árbitro sea imprescindible para que la competición sea justa y fluida. Y sin embargo, el ultimate frisbee lleva más de cincuenta años haciéndolo exactamente así, en todos los niveles de competición, incluidos los Campeonatos del Mundo. El secreto que hace posible lo que parece imposible tiene un nombre: el «Spirit of the Game».
El Spirit of the Game es mucho más que una regla: es la filosofía central del ultimate frisbee, escrita en el reglamento desde las primeras versiones del deporte y transmitida de jugadores a jugadores desde 1968. Establece que el ultimate frisbee se basa en la responsabilidad personal de cada jugador hacia el juego y hacia sus rivales. Cada jugador es responsable de conocer las reglas, de aplicarlas honestamente y de comportarse de forma deportiva en todo momento. Esto incluye declarar las propias faltas cuando se cometen, aceptar las llamadas de los rivales cuando son justas y resolver los desacuerdos a través del diálogo respetuoso. En la práctica, funciona así: cuando un jugador recibe una falta, la declara. El jugador acusado puede aceptarla —y se detiene el juego, devolviendo el disco a la posición anterior— o negarla. Si hay desacuerdo, los dos hablan durante unos segundos y, si no llegan a un acuerdo, el disco vuelve al lanzador anterior. La partida continúa. En la gran mayoría de los casos, el proceso tarda menos de treinta segundos.
Lo más sorprendente del Spirit of the Game no es que exista: es que funciona. Torneos de élite con los mejores equipos del mundo, partidos de Campeonato del Mundo con miles de espectadores y con el máximo en juego, confrontaciones entre equipos de países con historias de rivalidad deportiva intensa… y los árbitros brillan por su ausencia. Los datos de incidentes graves en torneos de la WFDF son extraordinariamente bajos comparados con cualquier deporte de árbitro convencional. Los jugadores de ultimate que han sido formados desde el principio en el Spirit han interiorizado el valor del juego limpio hasta tal punto que engañar —incluso cuando nadie estaría mirando— les resulta incompatible con la razón por la que juegan al ultimate. Es un experimento social de gran escala que lleva más de cincuenta años produciendo resultados positivos, y que representa quizás la innovación más genuinamente original que el ultimate frisbee ha aportado al mundo del deporte.