Durante las primeras décadas de existencia del Ultimate Frisbee, el amateurismo era parte de su identidad. Los jugadores pagaban sus propios gastos para viajar a los torneos, organizaban las competiciones de forma voluntaria y no existía ninguna retribución económica. Pero a partir de los años 2000, esa realidad comenzó a cambiar.
El nacimiento de las ligas semiprofesionales
El primer intento serio de crear una estructura profesional para el Ultimate llegó en 2012 con la fundación de la American Ultimate Disc League (AUDL). La AUDL nació como una liga con franquicias en ciudades de EE.UU. y Canadá, pagando a sus jugadores y con un modelo de negocio basado en patrocinadores, entradas y derechos de retransmisión.
En paralelo, surgió la Major League Ultimate (MLU), una liga rival que existió entre 2012 y 2016 antes de disolverse por dificultades financieras. La competencia entre ambas ligas durante esos años fue intensa y beneficiosa para el nivel de juego general, aunque económicamente insostenible para la MLU.
La AUDL sobrevivió y se consolidó. Hoy cuenta con más de 20 equipos repartidos por EE.UU. y Canadá, con nombres como Atlanta Hustle, New York Empire, San Francisco Flamethrowers o Chicago Union. Los partidos se retransmiten en streaming y los mejores jugadores del continente compiten en ella.
El cambio de modelo en los mundiales de clubes
La WFDF organiza cada cuatro años el World Ultimate Club Championships (WUCC), la competición de clubes más importante del mundo. Equipos como San Francisco Revolver, Seattle Mixtape o Raleigh Ring of Fire (EE.UU.) han dominado históricamente, aunque equipos europeos, japoneses y latinoamericanos han ido acercándose en nivel.
La profesionalización parcial a través de la AUDL ha elevado el nivel general: los jugadores que compiten semiprofesionalmente llegan a los mundiales de clubes con más horas de juego de alta intensidad y una mejor preparación física.
El reconocimiento del COI
Uno de los hitos institucionales más importantes del Ultimate Frisbee fue el reconocimiento por parte del Comité Olímpico Internacional (COI) de la WFDF como federación internacional. Este reconocimiento, aunque no garantiza la entrada olímpica, es el paso formal previo para cualquier candidatura olímpica.
La WFDF ha presentado candidaturas para que el Ultimate sea incluido en programas olímpicos, pero el proceso es complejo: los Juegos Olímpicos tienen un número máximo de deportes y la competencia entre deportes candidatos es intensa. El perfil del Ultimate —sin árbitros, con un sistema de autoarbitraje que requeriría adaptaciones para el contexto olímpico— también plantea debates internos sobre si la inclusión olímpica cambiaría demasiado la esencia del deporte.
El dilema del Spirit en el deporte profesional
La semiprofesionalización del Ultimate ha traído consigo un debate filosófico importante: ¿puede mantenerse el Spirit of the Game cuando hay dinero en juego? ¿Seguirán los jugadores arbitrándose honestamente cuando los resultados tienen consecuencias económicas para ellos?
La comunidad del Ultimate está dividida. La AUDL utiliza árbitros (observers) en sus partidos, un modelo diferente al de los campeonatos de la WFDF. Algunos ven esto como una traición a la esencia del deporte; otros lo consideran una adaptación necesaria para el crecimiento y la credibilidad ante públicos que no conocen el Ultimate.
Este debate no tiene visos de resolverse pronto, y probablemente no tenga que hacerlo: el Ultimate es lo suficientemente grande como para tener múltiples formatos y filosofías coexistiendo.