El lanzamiento backhand es el primero que aprende cualquier jugador de ultimate frisbee. Es el más intuitivo, el más fácil de controlar y el que más se usa durante un partido. Dominarlo bien desde el principio te ahorrará muchos malos hábitos.
El agarre
Coloca los cuatro dedos (índice, corazón, anular y meñique) juntos bajo el borde del disco, con las yemas rozando el interior del borde. El pulgar descansa encima del disco, cerca del borde exterior. No aprietes demasiado: quieres firmeza, no tensión. El disco debe quedar estable en la mano sin que se mueva.
La posición inicial
Para un lanzamiento hacia la derecha (si eres diestro), colócate con el pie izquierdo adelantado y el cuerpo ligeramente girado. El brazo lanzador arranca cerca del cuerpo, con el disco a la altura de la cadera. El objetivo está justo enfrente: los hombros deben apuntar hacia él al final del movimiento.
La rotación y el impulso
Inicia el lanzamiento girando el torso desde la cadera. El brazo se extiende hacia el objetivo como si quisieras tocar un punto lejano con el disco. No lances solo con el brazo: la potencia viene del torso. Transfiere el peso del pie trasero al delantero durante el giro.
El snap de muñeca y la liberación
El último momento del lanzamiento es el más importante: al soltar el disco, la muñeca hace un pequeño giro hacia dentro (snap). Este giro es el que da estabilidad al vuelo. Imagina que le das un golpe de kárate hacia adelante con la muñeca. Si el snap es limpio, el disco sale con rotación rápida y vuela estable.
La trayectoria plana
El error más frecuente en principiantes es soltar el disco con el borde delantero hacia abajo, lo que hace que caiga en curva. Para conseguir una trayectoria plana, la cara del disco debe estar completamente horizontal al momento de soltarlo. Practica frente a un espejo o un compañero que te dé feedback visual.
Práctica recomendada
Empieza lanzando a corta distancia (5-8 metros) con un compañero. Centra la atención en el snap de muñeca antes de preocuparte por la potencia o la distancia. Con 15-20 minutos de práctica diaria durante una semana, el backhand se convierte en un gesto automático.