Robert Scheidt es, sin ninguna duda, el regatista de Laser/ILCA más exitoso de la historia y uno de los grandes olímpicos del siglo XX y XXI. El brasileño de São Paulo convirtió el Laser en su instrumento durante 30 años, ganando todo lo que había que ganar y elevando el estándar de excelencia de la clase a cotas que nadie había imaginado antes de su aparición.
Un prodigio precoz
Nacido en São Paulo en 1975, Scheidt comenzó a navegar desde muy joven en los clubes de la megalópolis brasileña. Brasil tiene una tradición velista sólida —especialmente en el estado de São Paulo y en Río de Janeiro— y Scheidt emergió como un talento excepcional desde sus primeros años en la clase Laser, compitiendo a nivel internacional cuando todavía era un adolescente.
Su primera participación olímpica llegó en Atlanta 1996, cuando tenía solo 21 años. No fue a Atlanta a aprender: fue a ganar. Y lo consiguió.
Atlanta 1996: el primer oro en el debut olímpico del Laser
Atlanta 1996 fue el año en que el Laser debutó en el programa olímpico masculino. Scheidt, uno de los favoritos, cumplió con las expectativas y ganó el oro olímpico con una autoridad que dejó claro que estaba en una categoría diferente a sus rivales.
La victoria en Atlanta no fue casualidad: Scheidt había ganado el Campeonato del Mundo de Laser ese mismo año, y su combinación de velocidad pura, habilidad táctica y consistencia le diferenciaba del resto de la flota.
La rivalidad con Ben Ainslie: la más grande de la vela ligera
La rivalidad entre Robert Scheidt y Ben Ainslie en el Laser es considerada por muchos como la rivalidad deportiva más intensa de la vela olímpica. Los dos se enfrentaron en los grandes campeonatos desde finales de los años 90 hasta mediados de los 2000, con el británico Ainslie —que competía en Laser antes de pasar al Finn— siendo el único capaz de desafiar consistentemente el dominio de Scheidt.
El punto álgido de la rivalidad fue Sídney 2000: Ainslie ganó el oro y Scheidt la plata en circunstancias muy controvertidas (Ainslie fue acusado de maniobras de cobertura excesivamente agresivas en la carrera de medallas). La rivalidad siguió en los Campeonatos del Mundo, donde alternaron victorias durante años, elevando el nivel general de la clase a cotas sin precedentes.
Atenas 2004: la venganza y el segundo oro
En Atenas 2004, Scheidt recuperó el trono olímpico que Ainslie le había arrebatado en Sídney. Con 29 años y en la plenitud de su carrera, Scheidt navegó una serie impecable y se colgó el segundo oro olímpico con una contundencia que zanjó cualquier debate sobre quién era el mejor Laser del mundo de su generación.
Pekín 2008 y Londres 2012: dos platas en la madurez
La capacidad de Scheidt de mantener el nivel olímpico en la madurez es uno de los aspectos más asombrosos de su carrera:
- Pekín 2008 (33 años): plata olímpica, cediendo solo el oro ante el neozelandés Paul O’Shaughnessy.
- Londres 2012 (37 años): plata olímpica de nuevo, demostrando que a esa edad era todavía capaz de competir por el podio en los Juegos.
Llegar a un podio olímpico con 37 años en una clase tan físicamente exigente como el Laser —que requiere resistencia aeróbica, fuerza en las piernas para el hiking (colgar fuera del barco) y reflejos tácticos muy rápidos— es una hazaña deportiva de primer orden.
El palmarés completo
- Juegos Olímpicos: oro Atlanta 1996, plata Sídney 2000, oro Atenas 2004, plata Pekín 2008, plata Londres 2012.
- Campeonatos del Mundo de Laser: 1996, 1998, 2000, 2002, 2004, 2008 (seis títulos).
- Múltiples medallas en series mundiales y regatas internacionales durante tres décadas.
El legado: el estándar del Laser
Scheidt no es solo el mejor Laser de la historia por sus títulos: es el que definió cómo se navega un Laser a nivel de élite. Su técnica de hiking (posición corporal colgando fuera del barco), su gestión de las velas en condiciones de viento variable, y su lectura del campo de regatas se convirtieron en la referencia que todos los demás aspiraban a imitar.
En Brasil, Scheidt es una figura de leyenda del deporte náutico, comparable a lo que son Ayrton Senna en el automovilismo o Gustavo Kuerten en el tenis. Su impacto en la popularización de la vela en un país que no es naturalmente un gran potencia velista es incalculable.