La regla de no asistencia exterior es el principio filosófico y reglamentario central de la vela en solitario y de muchas regatas oceánicas doble. Sin ella, la prueba perdería su carácter de desafío personal y se convertiría en una prueba de recursos técnicos y económicos más que de habilidad marinera individual.
El principio fundamental
En las regatas en solitario sin escalas —el Vendée Globe es el ejemplo máximo— el regatista debe completar el recorrido solo, sin parar y sin recibir asistencia exterior de ningún tipo. La autonomía total del barco y de su tripulante es la esencia del deporte.
Esto significa que desde el momento de la salida hasta el cruce de la línea de llegada:
- Ninguna persona puede subir a bordo del barco.
- Ningún barco puede pasar material al barco en carrera.
- Ningún barco puede remolcar o empujar al barco en carrera.
- El barco no puede amarrar en ningún puerto.
Lo que está permitido
El reglamento precisa con detalle qué sí está permitido:
Comunicaciones: El regatista puede hablar con su equipo en tierra, recibir información meteorológica y consultar con médicos de emergencia. Las comunicaciones de voz y datos son libres en materia de seguridad y meteorología.
Ayuda médica a distancia: Si el regatista sufre una lesión o enfermedad, puede recibir diagnóstico y orientación terapéutica de un médico en tierra por radio o satélite. Es la única forma de asistencia médica autorizada en alta mar.
Paso por zona de rescate marítimo: Si el regatista entra en aguas territoriales por razones de emergencia reconocida, puede recibir asistencia de las autoridades marítimas. Pero esto normalmente supone la descalificación del palmarés.
Fondeo: En algunos reglamentos, fondear (anclar) en aguas abiertas sin entrar a puerto está permitido si el regatista lo hace con sus propios medios.
Casos históricos de asistencia y sus consecuencias
Pete Goss rescata a Raphael Dinelli (Vendée Globe, 1996)
El caso más famoso de la vela oceánica. En diciembre de 1996, el barco del francés Raphael Dinelli naufragó en el Atlántico Sur durante el Vendée Globe. El británico Pete Goss, que navegaba a 160 millas de distancia, recibió la señal de socorro y dio media vuelta —contra el viento y en condiciones de tormenta— para rescatar a Dinelli, tardando 25 horas en llegar. La organización del Vendée Globe descontó ese tiempo de penalización de su tiempo final. Goss no ganó la regata, pero su acción le valió el reconocimiento internacional como el gesto más heroico de la historia del deporte.
Isabelle Autissier capea un pitchpole (Vendée Globe, 1999)
Isabelle Autissier sufrió un pitchpole (vuelta de campana longitudinal) en el Atlántico Sur. Fue rescatada por el australiano Giovanni Soldini, que también dio media vuelta para socorrerla. Soldini siguió en la regata y ganó esa edición, convirtiéndose en el primer italiano en ganar el Vendée Globe.
Alex Thomson y Hugo Boss (Vendée Globe, 2014)
Thomson perdió el bulbo de la quilla y tuvo que abandonar. En su camino a Sudáfrica, otro participante le pasó a cierta distancia pero sin transferir material. Thomson solicitó a la organización que reconociera que no había habido intercambio de material, lo que la organización confirmó.
La obligación de prestar socorro
El derecho marítimo internacional (Convenio de Montego Bay, SOLAS) establece que cualquier barco tiene la obligación de prestar socorro a personas en peligro en el mar, independientemente de cualquier regla de competición. Esta obligación es jerárquicamente superior a las reglas de cualquier regata.
La organización del Vendée Globe tiene un protocolo específico para este supuesto:
- El regatista que presta socorro comunica inmediatamente a la organización el inicio de la operación de rescate.
- La organización activa el protocolo de deducción de tiempo.
- El tiempo empleado desde el desvío hasta la reanudación del rumbo de carrera se descuenta del tiempo final.
- Si durante el rescate fue necesario recibir material (para salvar a la otra persona), la penalización se evalúa caso a caso.
El debate sobre la asistencia remota
Con la mejora de las comunicaciones satelitales, ha surgido un debate sobre dónde está el límite entre información y asistencia táctica. Si un equipo técnico en tierra analiza los modelos meteorológicos y envía al regatista una recomendación de ruta muy específica, ¿es eso asistencia exterior?
Las organizaciones de regatas offshore han intentado clarificar esta zona gris con protocolos más precisos, pero la naturaleza de las comunicaciones modernas hace que la vigilancia sea difícil. La cultura del deporte, basada en la honestidad y el código de honor marinero, es el principal mecanismo de control.