Una niña de tierra adentro enamorada del mar
Ellen MacArthur nació el 8 de julio de 1976 en Whatstandwell, un pequeño pueblo del condado de Derbyshire, en el centro de Inglaterra, a más de cien kilómetros del mar más cercano. No tenía familia marinera, no había crecido cerca del agua. La vela llegó a su vida a través de su tía, que tenía un pequeño velero. La primera vez que navegó, Ellen tenía ocho años. Quedó fascinada para siempre.
Con once años ya ahorraba su dinero de la comida del colegio para comprar equipamiento de vela. Con dieciocho, completó en solitario la circunnavegación de las Islas Británicas. Con veintiún años intentó cruzar el Atlántico en solitario en un velero de siete metros y medio. El barco no era suficientemente bueno; tuvo que ser rescatada. Pero el intento habló de la determinación que definiría su carrera.
El Vendée Globe de 2001: el mundo conoce a Ellen
En el año 2000, Ellen MacArthur clasificó para el Vendée Globe —la vuelta al mundo en solitario sin escalas— con su barco Kingfisher, patrocinado por la empresa homónima de productos de jardinería. Tenía 24 años y era la más joven en participar en la prueba.
Lo que siguió fue uno de los seguimientos mediáticos más intensos en la historia de la vela oceánica. MacArthur tenía la capacidad extraordinaria de comunicar lo que estaba viviendo: sus diarios de a bordo, llenos de emoción genuina y de descripciones vívidas del océano, conectaron con millones de personas que nunca habían prestado atención a la vela. Contaba las estrellas de los mares australes, describía el frío que no la dejaba dormir, hablaba del miedo y de la soledad con una honestidad desarmante.
Terminó segunda, detrás del ganador Michel Desjoyeaux. Con 24 años, acababa de terminar la regata más dura del mundo en segunda posición. Era la nueva estrella de la vela oceánica.
2005: el récord del mundo
Cuatro años después, MacArthur decidió ir a por el récord de circunnavegación en solitario sin escalas —no el Vendée Globe, sino un intento cronometrado independiente— a bordo del trimarán B&Q/Castorama, un barco de 23 metros mucho más rápido que el Kingfisher.
Salió de Falmouth (Cornwall) el 28 de noviembre de 2004. Durante 71 días navegó sola alrededor del mundo, pasando por los tres grandes cabos del hemisferio sur. Las condiciones meteorológicas fueron duras, pero la preparación fue perfecta. Llegó de vuelta a Falmouth el 7 de febrero de 2005 habiendo batido el récord de Francis Joyon por más de un día: 71 días, 14 horas, 18 minutos y 33 segundos.
El recibimiento fue histórico. Decenas de miles de personas esperaban en Falmouth. La BBC retransmitió la llegada en directo. El gobierno británico la nombró Dama del Imperio Británico (DBE) —el equivalente femenino del título de Caballero— a los pocos días, con 28 años. Era la persona más joven en recibir esa distinción.
Más allá de la vela: la economía circular
En 2010, Ellen MacArthur hizo algo que sorprendió a todos los que la seguían: anunció que dejaba la vela competitiva. No se retiraba por lesión ni por edad —tenía 34 años— sino porque había encontrado algo que le importaba más.
Durante sus meses en el océano, MacArthur había reflexionado profundamente sobre la finitud de los recursos del planeta. En un barco, los recursos son limitados: la comida, el agua, la energía son finitos y hay que gestionarlos con precisión. Aplicar esa lógica al planeta entero fue el pensamiento que la llevó a fundar la Ellen MacArthur Foundation, una organización dedicada a promover la economía circular como alternativa al modelo económico lineal de “tomar, fabricar, tirar”.
La Ellen MacArthur Foundation se ha convertido en una de las organizaciones más influyentes del mundo en materia de sostenibilidad económica, trabajando con empresas como Google, Unilever y la Unión Europea en el diseño de sistemas productivos que eliminen el concepto de residuo. El impacto de Ellen MacArthur en este campo ha superado con creces al de cualquier victoria en el océano.
Su historia es una de las más originales del deporte: una mujer que se convirtió en la mejor del mundo en una de las disciplinas más extremas, y que luego encontró algo más importante que ganar.