El escándalo de Ben Johnson: la trampa más famosa del deporte
El 24 de septiembre de 1988, en el Estadio Olímpico de Seúl, Corea del Sur, sucedió lo que todos esperaban y lo que nadie podía predecir al mismo tiempo. Ben Johnson, el jamaicano naturalizado canadiense de 26 años, ganó la final de los 100 metros con un tiempo de 9.79 segundos, batiendo el récord del mundo y dejando muy atrás a Carl Lewis (9.92). Era “la raza del siglo”, el encuentro entre los dos mejores velocistas del mundo, y Johnson había ganado de forma aplastante.
Setenta y dos horas después, la victoria más comentada de los Juegos de Seúl se había convertido en el escándalo más grande de la historia del deporte.
La carrera del siglo
La final de los 100m de Seúl 1988 fue la más esperada de la historia del atletismo hasta ese momento. Ben Johnson y Carl Lewis llevaban años siendo los dos mejores velocistas del mundo, con una rivalidad personal que iba más allá del deporte: Johnson representaba la fuerza bruta, la explosión pura; Lewis representaba la elegancia técnica y la continuidad. Los dos habían intercambiado récords del mundo y victorias en grandes competiciones durante años.
En la noche de Seúl, Johnson explotó en la salida —su punto fuerte— y abrió una ventaja sobre Lewis que fue manteniendo hasta la meta. El tiempo en el marcador: 9.79. Récord del mundo, casi imposible de creer. Lewis llegó en 9.92, también por debajo de 10 segundos, y aun así perdió de forma no tan apretada como todos esperaban.
Johnson levantó el dedo índice en señal de victoria y comenzó la vuelta de honor. La foto de ese momento —Johnson con el puño levantado y Lewis detrás mirando la pantalla— es una de las más famosas de la historia del deporte.
El positivo
Tres días después, la noticia llegó como un bombazo: los controles antidopaje habían revelado la presencia de estanozolol en la muestra de orina de Ben Johnson. El estanozolol es un esteroide anabolizante oral que se usa para aumentar la masa muscular y la fuerza. En 1988 era una sustancia prohibida por el COI.
El COI anunció la descalificación de Johnson. La medalla de oro pasó a Carl Lewis. El récord del mundo fue borrado de los libros. Ben Johnson era expulsado de los Juegos y sancionado dos años por dopaje.
La noticia dio la vuelta al mundo en pocas horas. Para mucha gente, fue el momento en que comprendieron que el dopaje no era algo que hacían “algunos atletas” sino una práctica extendida en el atletismo de élite.
La investigación Dubin: el sistema descubierto
El gobierno canadiense, en respuesta a la conmoción nacional, ordenó una investigación oficial presidida por el juez Charles Dubin. La Comisión Dubin investigó durante meses el dopaje en el atletismo canadiense y, por extensión, en el atletismo internacional de élite.
Los resultados fueron devastadores. La comisión reveló que:
- El dopaje era sistemático en el atletismo de élite canadiense, no un caso aislado
- El entrenador de Johnson, Charlie Francis, era conocedor y cómplice del programa de dopaje
- Varios atletas canadienses más habían usado sustancias prohibidas con el conocimiento tácito de sus entrenadores y de algunos funcionarios del atletismo
- El “doping doctor” que suministraba las sustancias (el médico Jamie Astaphan) operaba con relativa libertad en el entorno del atletismo
Charlie Francis publicó posteriormente un libro en el que describía con detalle el programa de dopaje de Johnson y sostenía que el dopaje era tan generalizado que competir limpio era directamente competir en desventaja.
La paradoja de Carl Lewis
Lo que muchos no saben es que Carl Lewis, el heredero de la medalla de oro, también había dado positivo en las pruebas de selección del equipo americano previas a Seúl: positivo por pseudoefedrina, norpseudoefedrina y efedrina. El Comité Olímpico Americano aceptó su explicación de ingesta involuntaria a través de suplementos herbales y no le sancionó.
La diferencia de trato entre Johnson (sancionado) y Lewis (absuelto) fue señalada por muchos como evidencia de un doble estándar que favorecía a los atletas más conocidos y comercialmente valiosos. La investigación BALCO de los años 2000 revelaría después que el dopaje en el atletismo americano era igualmente extendido.
El legado: el cambio en la lucha antidopaje
El escándalo de Seúl 1988 fue el punto de inflexión en la lucha antidopaje del deporte. Las consecuencias inmediatas fueron:
- Endurecimiento de los controles: el COI y las federaciones internacionales comenzaron a invertir más en nuevas técnicas de detección
- Creación de la WADA: la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) fue creada en 1999, parcialmente en respuesta a años de escándalos acumulados cuyo punto más visible había sido Johnson
- Mayor transparencia: las federaciones comenzaron a publicar los resultados de los controles positivos con más rapidez
- Cambio cultural: aunque el dopaje no desapareció, el escándalo de Johnson creó una conciencia pública sobre el problema que no existía antes
Ben Johnson regresó al atletismo en 1991. En 1993, volvió a dar positivo por testosterona. Esta vez, la sanción fue de por vida. El hombre que ganó “la carrera del siglo” nunca pudo recuperar su carrera. Y la carrera del siglo quedó en la historia como el mayor símbolo de la corrupción del deporte de élite.