Hay deportistas que no solo ganan títulos, sino que cambian para siempre la forma en que se entiende y se practica su deporte. Gilberto Amauri de Godoy Filho, conocido universalmente como Giba, es uno de ellos. El punta opuesto brasileño nacido en Niterói en 1976 no solo acumuló un palmarés inigualable durante más de una década, sino que redefinió lo que un atacante de voleibol podía ser: una combinación de potencia explosiva, creatividad en el aire y determinación competitiva que pocos han igualado.
Un palmarés sin precedentes
Los números de Giba son difíciles de creer. A lo largo de su carrera ganó tres Campeonatos del Mundo (2002, 2006 y 2010), todos ellos con el premio de mejor jugador del torneo; seis títulos de la Liga Mundial con Brasil (incluyendo cinco consecutivos de 2001 a 2007); un oro olímpico en Atenas 2004 y una plata en Sídney 2000. A nivel de clubes, triunfó en Brasil, Italia y varios países más, convirtiéndose en el jugador más solicitado del mercado internacional durante la primera década del siglo XXI.
La técnica que lo hacía diferente
Lo que distinguía a Giba de sus contemporáneos no era solo su potencia física —aunque rematar desde más de dos metros de altura con una velocidad de más de 100 km/h era algo que pocos podían igualar—, sino su capacidad para encontrar soluciones en situaciones imposibles. Su control corporal en el aire le permitía ajustar el ángulo y la dirección del remate en el último instante, lo que hacía casi imposible anticiparse a sus ataques. Los bloqueadores rivales sabían que iba a atacar; simplemente no podían pararlo.
El dominio de la Liga Mundial
La Liga Mundial de voleibol, el torneo más importante a nivel de selecciones tras el Campeonato del Mundo, fue prácticamente propiedad de Giba y Brasil durante una época. Los cinco títulos consecutivos entre 2001 y 2007 representan una de las rachas de dominio más largas de la historia del voleibol masculino. En todos esos torneos, Giba fue el motor ofensivo del equipo, el jugador al que todos los rivales intentaban neutralizar sin conseguirlo.
El MVP perpetuo
Una de las estadísticas más reveladoras del legado de Giba es la cantidad de veces que fue elegido mejor jugador (MVP) en torneos internacionales. En los Campeonatos del Mundo de 2002, 2006 y 2010 se llevó el premio; en la Liga Mundial lo ganó en varias ediciones; en los Juegos Panamericanos y en la Copa del Mundo también. Esta continuidad en los reconocimientos individuales, a lo largo de diferentes torneos y durante más de una década, no tiene precedentes en la historia del voleibol masculino.
Giba fuera de Brasil
En los clubes, Giba también dejó huella en Italia (Sisley Treviso, Modena) y en otros países donde el voleibol profesional tiene alto nivel. Su paso por la Superliga italiana consolidó su reputación internacional y le permitió competir con los mejores jugadores del mundo en un campeonato que ha sido históricamente uno de los más exigentes del planeta.
El legado de una generación dorada
Giba no llegó solo a la cima del voleibol mundial. Fue parte de una generación dorada del Brasil que incluía a jugadores como Leandro Vissotto, Murilo Endres y André Nascimento, todos ellos campeones del mundo. El técnico Bernardo Rezende fue el arquitecto de aquel equipo excepcional, pero Giba era el alma. Su legado sigue vivo en cada joven jugador brasileño que sueña con dominar el voleibol mundial.