El mundo del wakeboard es mucho más variado de lo que parece a primera vista. Bajo el paraguas de este deporte conviven varias disciplinas con reglas, equipo y técnicas bien diferenciadas.
Boat wake
Es la modalidad clásica y la que más ha evolucionado a nivel competitivo. La lancha —habitualmente una embarcación especializada con balastos de agua para generar un wake más grande— remolca al rider a velocidades de entre 28 y 34 km/h. El rider trabaja principalmente en el wake trasero de la embarcación para ganar altura y ejecutar trucos en el aire.
Las competiciones de boat wake están reguladas estrictamente por la IWWF y son las que históricamente han dominado los grandes eventos internacionales como los X Games.
Cable park
El cable park democratizó el wakeboard. En lugar de una embarcación, un motor eléctrico mueve un cable perimetral que arrastra al rider por la superficie del lago. Los circuitos incluyen rampas (kickers), sliders metálicos, rails y otras estructuras que el rider puede usar para realizar trucos adicionales.
Es más económico, más accesible para principiantes y tiene un menor impacto ambiental al no usar motores de combustión. En los últimos años, el cable park ha ganado protagonismo en los campeonatos mundiales y es la modalidad preferida de la nueva generación de riders.
Wakeskate
El wakeskate es al wakeboard lo que el skateboard es al snowboard: una tabla sin fijaciones. El rider lleva zapatillas con suela de goma y debe mantener los pies sobre la tabla sin ningún amarre. Esto restringe los trucos aéreos clásicos pero abre la puerta a maniobras de skate sobre el agua, con flips y shove-its al estilo del street skating.
Wakesurfer
El wakesurfer es la variante más relajada. Una lancha con balastos genera una ola grande y rompiente en su popa. El rider arranca remolcado por la cuerda y, una vez que la ola lo lleva, la suelta y surfea de forma autónoma. No hay jueces ni trucos obligatorios en el ámbito recreativo, aunque las competiciones de wakesurfer sí puntúan maniobras y estilo.