El ajedrez no se distribuye uniformemente por el mundo. Algunos países han producido de forma desproporcionada los mejores jugadores de la historia, y su dominio no es accidental: responde a factores culturales, educativos, históricos y económicos que hacen que el ajedrez florezca de manera especial en ciertos entornos.
La hegemonía soviética y su legado
La Unión Soviética es, sin ninguna duda, el poder ajedrecístico más grande de la historia. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la caída de la URSS en 1991, los soviéticos ganaron casi todos los Campeonatos del Mundo y dominaron las Olimpiadas de Ajedrez con una regularidad aplastante.
El dominio soviético no fue casual: el Estado promovía activamente el ajedrez como herramienta de propaganda intelectual y como símbolo de la superioridad mental del sistema comunista frente al capitalismo occidental. Los mejores jugadores recibían estatus de semiprofesionales, con salarios, entrenadores, preparación específica y acceso a archivos de partidas. El ajedrez se enseñaba en las escuelas y se organizaban competiciones masivas en toda la URSS.
Este sistema produjo una cantidad increíble de talento: Botvinnik, Smyslov, Petrosian, Tal, Spassky, Karpov, Kasparov… muchos de los mejores jugadores de la historia son de origen soviético o ruso.
Rusia: el heredero del legado
Tras la disolución de la URSS, Rusia heredó la mayoría del talento ajedrecístico soviético. Durante los años 1990 y 2000, Rusia continuó siendo la potencia dominante, con jugadores como Kramnik, Kasparov, Svidler, Grischuk y Karjakin en lo más alto del ranking mundial.
En años recientes, el dominio ruso ha disminuido relativamente, aunque el país sigue siendo una de las grandes potencias. Las sanciones derivadas de la guerra de Ucrania llevaron a la FIDE a prohibir temporalmente a los jugadores rusos y bielorrusos competir bajo la bandera de sus países, lo que añadió complejidad política al panorama ajedrecístico internacional.
India: la nueva superpotencia
En el siglo XXI, India ha emergido como la nueva superpotencia del ajedrez. El catalizador fue Viswanathan Anand, campeón del mundo entre 2007 y 2013 y la figura más popular del deporte en el subcontinente indio. Anand demostró que se podía llegar a la cima mundial desde India y se convirtió en un ídolo nacional que inspiró a millones de niños.
Hoy, India produce más grandes maestros nuevos por año que cualquier otro país. Jugadores como Praggnanandhaa, Gukesh (campeón del mundo en 2024 con 18 años), Arjun Erigaisi y otros han irrumpido en la élite mundial con una consistencia que no tiene precedente histórico para un país fuera de la esfera soviético-rusa.
China: la potencia emergente
China ha desarrollado una escuela de ajedrez muy fuerte desde los años 1990, con un apoyo estatal similar al que tuvo la URSS. La selección china ha ganado varias Olimpiadas, y Ding Liren se convirtió en campeón del mundo en 2023. El ajedrez femenino chino es especialmente poderoso, con múltiples campeonas del mundo.
El caso especial de países pequeños
Resulta llamativo cómo algunos países muy pequeños han producido talento ajedrecístico desproporcionado. Armenia, con menos de tres millones de habitantes, ganó tres olimpiadas consecutivas entre 2006 y 2012. Azerbaijan ha producido jugadores de elite como Teimour Radjabov. Georgia es una potencia en el ajedrez femenino. Estos países pequeños son ejemplos de cómo una cultura ajedrecística fuerte, combinada con apoyo institucional, puede generar talento en cualquier contexto.
España y el ajedrez hispanohablante
España ha producido algunos buenos jugadores, como Alexei Shirov (nacido en Letonia pero campeón de España durante muchos años), pero no ha alcanzado el nivel de las grandes potencias. En América Latina, Cuba tuvo su momento de gloria con Capablanca y ha mantenido una tradición ajedrecística, y en años recientes han surgido talentos jóvenes en varios países de la región.