El control de tiempo es la norma que regula cuánto tiempo dispone cada jugador para realizar sus movimientos a lo largo de la partida. Desde los primeros torneos de ajedrez en el siglo XIX, el reloj se convirtió en un elemento indispensable para garantizar que las partidas tuvieran una duración razonable y que los jugadores no pudieran pensar indefinidamente. Hoy, el tiempo es una de las variables fundamentales que definen el estilo y la categoría de las partidas.
Los controles de tiempo varían enormemente según el formato. En el ajedrez clásico de competición oficial, como el Campeonato del Mundo de la FIDE, cada jugador dispone de 120 minutos para los primeros 40 movimientos, más 30 minutos adicionales a partir del movimiento 41 y con un incremento de 30 segundos por jugada. El ajedrez rápido (rapid) usa controles de entre 10 y 60 minutos; el blitz, entre 3 y 10 minutos; y el bullet, menos de 3 minutos. Con el auge de las plataformas de juego en línea, el bullet y el blitz han ganado una popularidad enorme.
La gestión del tiempo es una habilidad en sí misma, independiente del juego técnico. Muchos jugadores con superioridad posicional pierden partidas por agotamiento del reloj, especialmente en controles cortos. La capacidad de jugar bien bajo presión temporal, mantener la concentración en el último minuto y tomar decisiones rápidas en posiciones complejas distingue a los jugadores experimentados de los principiantes.