La coronación, también llamada promoción, ocurre cuando un peón llega a la última fila del tablero: la octava fila para las blancas y la primera para las negras. En ese momento, el peón debe transformarse obligatoriamente en otra pieza del mismo color: dama, torre, alfil o caballo. No es posible mantenerlo como peón ni convertirlo en rey. El jugador elige la pieza en ese mismo instante, y el cambio es inmediato.
La gran mayoría de las coronaciones producen una dama, la pieza más poderosa del ajedrez. Una dama adicional en el tablero es casi siempre suficiente para decidir la partida. Sin embargo, en contadas ocasiones los jugadores eligen una pieza diferente. La subpromoción más práctica es en caballo, porque es la única pieza que puede dar jaque de forma que la dama no podría hacer desde esa misma casilla. Hay posiciones famosas en la literatura ajedrecística donde coronar en dama llevaría al ahogado involuntario del rival y coronar en torre o caballo es la única jugada ganadora.
La amenaza de coronación es en sí misma una poderosa herramienta estratégica. Un peón pasado avanzado obliga al rival a dedicar piezas a bloquearlo, lo que genera desequilibrios en el resto del tablero. Los finales de peones se estudian con detalle precisamente por la importancia del factor de coronación: a menudo la diferencia entre ganar y empatar radica en si un bando puede coronar antes que el otro o puede impedir la coronación rival.