Un peón pasado es aquel que no tiene ningún peón adversario en su propia columna ni en las columnas inmediatamente adyacentes que pudiera capturarlo o bloquear su avance. Esta característica lo convierte en una amenaza permanente de coronación: si logra llegar a la octava fila, se transforma en cualquier pieza, casi siempre una dama. Los finales de partida a menudo giran en torno a si un peón pasado puede avanzar o si el adversario puede detenerlo.
La fortaleza de un peón pasado depende en gran medida de su posición en el tablero y del apoyo que reciba. Un peón pasado avanzado y protegido por otro peón propio es un arma formidable; un peón pasado aislado y lejos de apoyo puede convertirse en una carga. En los finales con rey y peones, el método fundamental para decidir si el rey rival puede interceptar el peón es la regla del cuadrado: si el rey puede entrar en el cuadrado imaginario delimitado por el peón antes de que este corone, puede capturarlo.
Los grandes estrategas del ajedrez, como Nimzovich, elevaron el peón pasado a categoría de principio teórico. Nimzovich describió el peón pasado como un «criminal que debe ser detenido»: el defensor tiene la obligación de bloquearlo o perderá la partida. Los jugadores modernos siguen este principio y evalúan cuidadosamente la creación y el avance de peones pasados como parte central de su planificación estratégica.