Cuando alguien dice que el bádminton es un deporte de jardín y verano, los jugadores profesionales se limitan a sonreír. Probablemente porque saben algo que la mayoría ignora: el bádminton es el deporte con el objeto más rápido de cuantos se practican con raqueta en el mundo. Por mucho.
493 km/h: el número que lo dice todo
El récord oficial de velocidad de un smash de bádminton está en 493 km/h, conseguido por el danés Mads Pieler Kolding en 2017. Para poner eso en perspectiva: el servicio más rápido de la historia del tenis, conseguido por el australiano Sam Groth, fue de 263 km/h. El smash de bádminton casi duplica esa cifra.
Un Fórmula 1 a velocidad punta circula a unos 370 km/h. El volante de bádminton va más rápido.
En competición de élite, los smashes masculinos rondan habitualmente los 300-380 km/h. Los femeninos, algo menos, pero siguen superando con facilidad cualquier golpe en otro deporte de raqueta.
La física extraña del volante
Lo más fascinante no es la velocidad máxima, sino lo que ocurre después del impacto. El volante de bádminton tiene una aerodinámica completamente única: una base pesada (corcho o goma) y una falda de 16 plumas de ganso —o su equivalente sintético— dispuestas en un cono.
Cuando el volante sale disparado del smash a 400 km/h, la resistencia aerodinámica de la falda lo frena de manera brutal. En apenas 4-5 metros, puede perder el 75% de su velocidad. Este frenado violento y predecible es lo que hace el bádminton tan técnico: el jugador que recibe el smash tiene fracciones de segundo para reaccionar, pero también sabe que el volante va a caer en picado casi verticalmente si no reacciona.
Las plumas de ganso provienen específicamente de las alas izquierda o derecha del animal (nunca mezcladas), porque la simetría de rotación del volante depende de ello. Un volante de competición usa plumas de la misma ala del mismo ganso para garantizar un vuelo uniforme.
El bádminton olímpico que nadie esperaba
Cuando el bádminton entró en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 como deporte oficial, muchos lo vieron como una concesión al deporte recreativo. Lo que nadie anticipó fue el nivel atlético que exhibirían los jugadores asiáticos, especialmente los de China, Indonesia y Corea del Sur.
Los partidos de élite exigen desplazamientos de más de 6 kilómetros durante una sola sesión. La frecuencia de golpes puede superar los 100 impactos por minuto en los intercambios más tensos. Los jugadores profesionales necesitan una combinación de velocidad explosiva, resistencia, coordinación y visión táctica comparable a la de cualquier otro deporte de alta intensidad.
Hoy el bádminton tiene más de 220 millones de jugadores en el mundo. Es el segundo deporte de raqueta más practicado globalmente, solo por detrás del tenis. Y cuando se juega de verdad, nada en él se parece al partido del jardín.