Pocos deportes tienen un origen tan claramente rastreable hasta un lugar y un momento concretos como el bádminton. Y lo curioso es que ese momento no fue una gran competición ni una innovación técnica, sino una tarde de lluvia en una mansión inglesa del siglo XIX.
Dos mil años de volante antes del bádminton
Antes de que ningún inglés posase un volante, los juegos con objeto ligero y plumas ya existían en Asia desde hacía siglos. En China existe documentación de un juego llamado jianzi que se practica desde la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.), donde el volante se golpeaba con el pie. En Japón, el hanetsuki consistía en golpear un volante con una paleta de madera durante el año nuevo.
En la India, un juego llamado battledore and shuttlecock ya era popular siglos antes de la llegada de los británicos: dos personas golpeaban el volante entre ellas con el objetivo de mantenerlo en el aire el mayor tiempo posible, sin red y sin puntuación. Quien dejaba caer el volante perdía.
Este juego llegó a Gran Bretaña procedente de la India, donde los oficiales militares británicos lo jugaban en la ciudad de Pune (conocida entonces como Poona). Le llamaron simplemente “Poona” y añadieron una novedad: una red en el centro que convertía el intercambio en una competición.
La tarde en Badminton House
En 1873 o 1874 (las fuentes difieren ligeramente), el duque de Beaufort organizó una fiesta en su mansión, Badminton House, en Gloucestershire. Entre los invitados había varios oficiales que conocían el Poona de su paso por la India. Pusieron una cuerda o red en el salón principal y empezaron a jugar.
La fiesta fue un éxito. Los invitados se llevaron la idea a sus propias casas. El juego empezó a conocerse como “el juego de Badminton” y el nombre quedó inmortalizado cuando, en 1877, la Bath Badminton Club publicó el primer reglamento oficial del deporte.
Las primeras reglas y la red que medía diferente según el lado
El primer reglamento de bádminton tiene una curiosidad que refleja bien la mentalidad victoriana de la época: la pista no era rectangular sino un diseño con forma de reloj de arena, más ancha en los extremos que en el centro. La lógica era que la red, en el centro de la pista, debía cruzar la parte más estrecha para que el jugador tuviese más espacio para moverse lejos de ella.
Esta forma extraña de la pista se mantuvo durante décadas. La pista rectangular que hoy conocemos no se estandarizó hasta los años 1890. Y la altura de la red también varió: en los primeros reglamentos, el poste del lado izquierdo era más alto que el del lado derecho, un detalle asimétrico que parece imposible pero que existió de verdad.
La Federación Internacional de Bádminton no se fundó hasta 1934, con nueve países miembros fundadores. Hoy tiene más de 190 países afiliados. Del salón de Badminton House al deporte global.