En baloncesto no existe el empate. Si un partido termina igualado al final del tiempo reglamentario, se juega una prórroga, y si sigue el empate, otra, y otra. No hay límite. Esta regla genera algunos de los partidos más emocionantes y agotadores del deporte.
¿Cuándo se juega prórroga?
Siempre que el marcador esté empatado al final del tiempo reglamentario (40 minutos en FIBA, 48 minutos en NBA). No importa si es fase de grupos o final: el baloncesto siempre tiene un ganador.
Duración y estructura
Cada período de prórroga dura 5 minutos, con su propio tiempo añadido calculado por el árbitro. Entre el final del tiempo reglamentario y el inicio de la primera prórroga hay un breve descanso (normalmente 2-3 minutos). Entre prórrogas consecutivas el descanso es aún más corto.
Si al final de los 5 minutos sigue el empate, se juega una nueva prórroga con las mismas condiciones. Y así indefinidamente.
Qué se reinicia y qué no
Esta es la parte más importante para entender la prórroga:
Se mantiene (no se reinicia):
- Faltas personales de cada jugador
- Tarjetas técnicas recibidas
Se reinicia:
- Faltas de equipo (bonus): cada prórroga empieza desde cero en FIBA
- Tiempos muertos: cada equipo recibe 1 nuevo tiempo muerto por prórroga
- Reloj de posesión: 24 segundos al inicio de cada prórroga
Estrategia en la prórroga
La prórroga tiene una dinámica táctica muy específica:
Gestión de faltas: los jugadores con muchas faltas son una bomba de relojería. Un titular con 4 faltas en FIBA puede ser muy valioso en los 5 minutos de prórroga, pero cualquier contacto lo elimina. Los entrenadores deben decidir si arriesgan teniéndolo en pista.
Tiempos muertos: con solo 1 tiempo muerto por equipo en la prórroga, su gestión es crítica. Usarlo demasiado pronto puede dejar al equipo sin herramienta para la última jugada.
Ritmo: estadísticamente, los equipos que fuerzan un ritmo alto en la prórroga tienen ventaja, ya que el cansancio acumulado penaliza más a los equipos que dependen de sistemas tácticos complejos.