Mickey Charles Mantle nació el 20 de octubre de 1931 en Spavinaw, Oklahoma. Su padre, Mutt Mantle, era un gran aficionado al béisbol y le enseñó a batear desde ambos lados del plato siendo todavía un niño, sabiendo que los bateadores ambidiestros tienen ventaja frente a cualquier lanzador. Aquella lección temprana contribuyó a forjar a uno de los bateadores más temidos en la historia del béisbol americano.
Mantle murió el 13 de agosto de 1995, a los sesenta y tres años, a causa de las complicaciones derivadas de un trasplante de hígado relacionado con años de alcoholismo, una sombra personal que siempre convivió con su gloria deportiva.
El chico de Oklahoma llega al Yankee Stadium
Mantle llegó a los New York Yankees en 1951, con diecinueve años, como sucesor designado de Joe DiMaggio. La presión de heredar el legado del más grande de los Yankees era inmensa, y los primeros meses fueron difíciles. Pero cuando los Yankees lo enviaron brevemente a las ligas menores para que recuperara la confianza, Mantle volvió y ya nunca abandonó el equipo.
En los años cincuenta, los Yankees de Mantle dominaron la Liga Americana con una regularidad que no se había visto antes. Rodeado de jugadores extraordinarios como Yogi Berra, Whitey Ford y Roger Maris, Mantle fue durante una década el jugador más valioso y más temido del béisbol americano.
La Triple Corona de 1956
La temporada de 1956 fue la cima individual de Mantle. Con veinticuatro años, bateó para .353, pegó 52 jonrones y tuvo 130 carreras impulsadas, ganando la Triple Corona de la Liga Americana y el premio MVP de la liga. Fue la primera temporada en que la magnitud de su talento quedó plenamente de manifiesto para todos: velocidad excepcional pese a sus problemas de rodilla, potencia desde ambos lados del plato y una visión del campo que lo hacía extraordinariamente peligroso en cualquier situación del partido.
La temporada coincidió con la victoria de los Yankees en la Serie Mundial frente a los Brooklyn Dodgers. Mantle fue el centro de todo.
Los jonrones míticos y la potencia inigualable
Mantle era conocido por la distancia extraordinaria de sus jonrones. En la era previa al béisbol moderno, cuando las mediciones precisas no existían, varios de sus batazos fueron calculados como los más largos jamás registrados. Se habló de jonrones de 600 pies —más de 180 metros— en el Yankee Stadium. La velocidad de salida de la pelota de su bate, medida retrospectivamente por expertos, sugería que algunos de sus batazos habrían superado los 550 pies con seguridad.
Esta potencia era igualmente feroz desde el lado derecho e izquierdo del plato, lo que hacía imposible para los entrenadores contrarios ajustar su pitcheo en función de sus debilidades.
Las lesiones, el dolor y el heroísmo silencioso
La rodilla que Mantle lesionó en la Serie Mundial de 1951 nunca se recuperó completamente. Pasó su carrera con una rodilla que requería vendajes antes de cada partido, que le causaba dolor durante los juegos y que limitaba una velocidad que de otro modo habría sido legendaria. En los últimos años de su carrera, los dos años con problemas en ambas rodillas, el esfuerzo de jugar era visible.
Que con ese hándicap físico constante acumulara más de 2.400 hits, 536 jonrones y siete Series Mundiales dice todo sobre su clase de jugador. Los contemporáneos que lo vieron jugar describían a un atleta que parecía incompleto por las lesiones pero que incluso incompleto era mejor que todos los demás.
El lado oscuro y la redención
La carrera de Mantle estuvo acompañada por el alcoholismo, que él mismo reconoció públicamente en los últimos años de su vida. Su retiro fue difícil, y solo en sus últimos años encontró tratamiento y la serenidad necesaria para hablar con honestidad sobre sus problemas. Poco antes de morir, Mantle instó públicamente a sus admiradores a no emularle en sus hábitos personales. Su honestidad al final de su vida añadió una dimensión humana a una figura que el béisbol había convertido en casi mitológica.
Legado
Mickey Mantle fue incluido en el Salón de la Fama del Béisbol en 1974, su primer año de elegibilidad. Su número 7 fue retirado por los Yankees. Es considerado por muchos el más talentoso de los jugadores que jamás se pusieron el uniforme de las rayas del Bronx, una opinión que cuenta con el peso de los que lo vieron jugar en vivo.