El béisbol, más que ningún otro deporte, convive con sus estadísticas y sus récords como si fueran objetos sagrados. En ningún otro deporte se acumulan con tanto celo los datos de cada jugada, y en ningún otro se celebra tanto la ruptura de una barrera estadística. Los grandes hitos del béisbol son inseparables de los grandes nombres que los protagonizaron.
Babe Ruth: el hombre que transformó el béisbol
George Herman Ruth Jr., conocido universalmente como Babe Ruth o “el Bambino”, es la figura más grande en la historia del béisbol americano y posiblemente el atleta más icónico del siglo XX en Estados Unidos. Sus estadísticas son simplemente inverosímiles: 714 home runs en su carrera, una media de bateo de .342 a lo largo de 22 temporadas, y un récord de 60 home runs en una sola temporada (1927) que duró 34 años.
Pero Ruth fue mucho más que un generador de estadísticas. Antes de su llegada, el béisbol era un juego de pequeñas carreras, tácticas de avance de base y velocidad. Ruth introdujo el béisbol del poder: el espectáculo del home run masivo que llenaba los estadios y hacía elevar la expectación con cada turno al bate. La modernización de las pelotas en la llamada “Era de los batazos” de los años veinte coincidió con el apogeo de Ruth y transformó para siempre el espíritu del juego.
Su venta por los Boston Red Sox a los New York Yankees en 1919 por la suma de 100.000 dólares —dinero que el dueño de los Red Sox necesitaba para financiar la producción de un musical de Broadway— desencadenó uno de los episodios más extravagantes de la mitología deportiva: la supuesta maldición del Bambino, que explicaba la sequía de 86 años de los Red Sox sin un título de la Serie Mundial.
Joe DiMaggio y la racha de las 56 partidas
En el verano de 1941, mientras Europa ardía en la Segunda Guerra Mundial, los aficionados al béisbol americano seguían obsesivamente una racha que se estaba convirtiendo en algo sin precedentes en la historia del deporte. Joe DiMaggio, el elegante centerfielder de los New York Yankees apodado “el Clipper Yankee”, llevaba semanas bateando al menos un hit en cada partido.
La racha llegó hasta 56 partidos consecutivos con al menos un hit, un récord que los matemáticos han calculado como estadísticamente casi imposible de superar. DiMaggio fue finalmente detenido por los lanzadores de los Cleveland Indians el 17 de julio de 1941, pero para entonces su racha había capturado la imaginación de toda América y se había convertido en el símbolo de la resistencia y la excelencia deportiva. Más de ochenta años después, el récord sigue en pie.
Hank Aaron y el récord de home runs
El 8 de abril de 1974, en el estadio de los Atlanta Braves, Hank Aaron conectó su home run número 715, superando el histórico récord de Babe Ruth que había durado 39 años. El momento fue agridulce: Aaron había recibido amenazas de muerte durante toda la temporada de 1973 de fanáticos que no querían ver a un hombre negro superar el récord del mítico Babe Ruth.
Aaron acabó su carrera con 755 home runs, un récord que duró hasta que Barry Bonds lo superó en 2007 con 762. La hazaña de Bonds, sin embargo, quedó marcada por el escándalo de dopaje que afectó a varios jugadores de su era, y la legitimidad de sus estadísticas es objeto de debate permanente entre los aficionados y los historiadores del béisbol.
La Serie Mundial y los momentos imborrables
La Serie Mundial es el escaparate donde el béisbol produce sus momentos más memorables. Algunos han trascendido el deporte para convertirse en parte de la cultura popular americana:
El home run de Mazeroski en el séptimo partido de las Series Mundiales de 1960, que dio el título a los Pittsburgh Pirates sobre los Yankees en la última jugada del partido, es considerado el momento más dramático de la historia de la Serie Mundial. La victoria de los Boston Red Sox en 2004, poniendo fin a la maldición del Bambino con cuatro victorias consecutivas sobre los Yankees después de ir perdiendo 0-3 en la serie, es el mayor remontada en la historia del béisbol de postemporada. Y el partido perfecto de Don Larsen en la Serie Mundial de 1956 —el único perfecto en la historia de una Serie Mundial— es una hazaña que difícilmente volverá a repetirse.