La IBU es la institución que da forma al biatlón internacional tal como lo conocemos hoy. Sus reglamentos definen las distancias de las pruebas, las normas del equipamiento, los criterios de clasificación y las reglas de tiro que se aplican de forma uniforme en todas las competiciones del mundo. Sin esta estandarización internacional, el biatlón no podría ser el espectáculo global que es, con millones de seguidores en Europa central y nórdica y una presencia creciente en mercados como Norteamérica y Asia.
La Copa del Mundo de Biatlón, organizada por la IBU, es el circuito de referencia de la disciplina. Entre los meses de noviembre y marzo, los mejores biatletas del mundo compiten en una veintena de eventos repartidos entre estaciones de esquí de Austria, Alemania, Noruega, Francia, Suecia, República Checa y otros países. La acumulación de puntos en cada prueba determina los ganadores de los globos de cristal, los trofeos simbólicos que reconocen a los mejores de la temporada en cada modalidad y en la clasificación general.
La historia de la IBU no está exenta de controversias. En los años previos a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018, la organización se vio envuelta en escándalos relacionados con el dopaje sistémico de atletas rusos y la gestión de los procesos disciplinarios. Estos episodios obligaron a una renovación del liderazgo de la federación y a la implementación de reformas en sus procedimientos de integridad. La IBU ha trabajado desde entonces para recuperar la credibilidad y fortalecer sus mecanismos de control, aunque el seguimiento de estos procesos por parte de los medios especializados continúa siendo estrecho.