Hay momentos en el deporte que se graban en la memoria colectiva y que trascienden los límites de su disciplina. El 360 backflip de Charlotte Worthington en la final olímpica de Tokyo 2020 fue uno de ellos. No solo porque era el truco más difícil ejecutado por una mujer en una competición olímpica de BMX, sino porque cambió para siempre lo que se espera de una rider de élite en esta disciplina.
El contexto: Tokyo 2020 y el debut del freestyle
Los Juegos de Tokyo 2020 —celebrados en 2021 por la pandemia— fueron el debut del BMX Freestyle Park en los Juegos Olímpicos. Era la primera vez que el mundo veía este deporte en el mayor escenario deportivo del planeta, y había una expectativa enorme sobre qué nivel de trucos mostrarían los riders.
En la final femenina, ocho riders compitieron con dos series de 60 segundos. Las primeras series establecieron el listón: eran excelentes, con trucos de alto nivel técnico. Pero nada preparó al público para lo que Charlotte Worthington tenía planeado para su segunda serie.
El momento: la segunda serie de Worthington
Charlotte Worthington, rider británica de 25 años, había tenido una primera serie sólida pero no suficiente para asegurarse el oro. Sabía que necesitaba arriesgar en la segunda. El truco que había preparado para ese momento era uno que nunca había sido ejecutado por una mujer en competición: el 360 backflip.
Cuando Worthington se lanzó por la rampa, ganó velocidad, subió por el cuarto de tubo y despegó hacia el aire, todo el mundo vio que algo diferente estaba pasando. La bicicleta despegó hacia atrás —como en un backflip convencional— pero simultáneamente comenzó a girar lateralmente. Una vuelta hacia atrás, una vuelta lateral, y Worthington aterrizó perfectamente sobre sus ruedas.
El estadio, que tenía aforo reducido por la pandemia pero que en ese momento hizo el ruido de una multitud mucho mayor, explotó. Los comentaristas perdieron la compostura. La imagen dio la vuelta al mundo.
Los jueces otorgaron a esa serie una puntuación de 97.5 sobre 100, la más alta en la historia del BMX Freestyle Park olímpico hasta ese momento. Worthington ganó el oro.
Por qué el 360 backflip es tan difícil
El backflip convencional —una vuelta completa hacia atrás— ya es un truco de alta exigencia que requiere una rampa de tamaño significativo y un control preciso del cuerpo y la bicicleta. El 360 backflip añade una segunda dimensión de rotación: mientras el rider da la vuelta hacia atrás, también está girando 360 grados sobre el eje vertical.
El problema es que las dos rotaciones se interfieren físicamente. Generar la rotación para el backflip y al mismo tiempo iniciar la rotación lateral requiere una coordinación biomecánica extraordinaria. Y el aterrizaje —que ya es el momento más complicado de cualquier backflip— se produce con el rider habiendo girado 360 grados lateralmente, lo que cambia completamente la referencia espacial.
En el BMX masculino, el 360 backflip llevaba años siendo ejecutado por los mejores riders del mundo. Pero en el BMX femenino, ninguna rider lo había intentado en competición antes de Worthington.
El impacto: el techo de cristal del freestyle
La hazaña de Worthington tuvo un impacto inmediato en el mundo del BMX femenino. Demostró que la brecha técnica entre el freestyle masculino y el femenino, que durante años se había dado por asumida, podía cerrarse más rápido de lo que nadie había imaginado.
Después de Tokyo, otras riders comenzaron a entrenar el 360 backflip. La progresión del freestyle femenino se aceleró. En Paris 2024, el nivel de la final femenina había dado un salto cualitativo enorme respecto a Tokyo, y el 360 backflip, que en 2021 era una hazaña única, se acercaba a convertirse en un truco más en el repertorio de las mejores riders del mundo.
Charlotte Worthington no solo ganó una medalla de oro: empujó hacia adelante toda una disciplina.