Cuando el Comité Olímpico Internacional decidió incorporar el BMX Freestyle Park al programa de los Juegos de Tokyo 2020, la UCI se enfrentó a un desafío que el BMX Racing nunca había tenido que resolver: ¿cómo juzgar objetivamente un deporte donde lo que más importa es la expresión individual y la creatividad?
El problema de juzgar la creatividad
El BMX Freestyle Park es, por definición, un deporte subjetivo. No hay cronómetro ni meta: el rider gana si sus trucos impresionan más a los jueces que los de sus rivales. Esta subjetividad es inherente al deporte, y cualquier sistema de puntuación tiene que aceptarla y gestionarla de la manera más coherente posible.
El BMX no era el primero en enfrentarse a este problema. El skateboard, el surf, la gimnasia artística y el patinaje artístico habían desarrollado sus propios sistemas antes. Pero en el contexto olímpico de comienzos de los años 2010, el surf era el deporte que había encontrado la solución más elegante y apropiada para un deporte de acción y expresión individual.
El modelo del surf
El surf olímpico —aprobado para su inclusión en los Juegos de Tokyo en la misma ronda de nuevos deportes que el BMX Freestyle— usa un sistema de puntuación basado en estos principios:
Primero, la evaluación holística de cada ola o serie, no la suma aritmética de puntos por cada truco individual. Un rider no “suma” puntos por cada maniobra; los jueces valoran la actuación como un todo.
Segundo, criterios de evaluación que incluyen dificultad, ejecución, variedad y uso del espacio. En el surf: la dificultad de los trucos en la ola, la velocidad y la potencia. En el BMX: la dificultad de los trucos, la amplitud (altura), la ejecución y la variedad.
Tercero, un panel de varios jueces cuyas puntuaciones se combinan eliminando los valores extremos para reducir el impacto de valoraciones parciales o erróneas.
Cuarto, el rider se queda con su mejor resultado de varias tentativas (la mejor ola, la mejor serie), lo que añade una dimensión de gestión del riesgo: ¿cuándo arriesgas y cuándo juegas sobre seguro?
La adopción por el BMX
Cuando la UCI diseñó el reglamento del BMX Freestyle Park olímpico, tomó prestados todos estos principios del surf. El resultado fue un sistema donde cada rider realiza dos series de 60 segundos, un panel de cinco jueces puntúa cada serie del 0 al 100 de forma holística, se eliminan la puntuación más alta y la más baja, y el rider se queda con la mejor de sus dos series.
La similitud con el surf no es solo técnica sino filosófica: en ambos deportes, la calificación busca capturar la calidad global de una actuación, no solo contar cuántos trucos se han realizado o cuán difícil es cada uno de forma aislada. Es un reconocimiento de que la excelencia en estos deportes es algo más que la suma de sus partes.
Un puente entre el océano y el hormigón
Hay algo poéticamente interesante en esta conexión entre el surf y el BMX Freestyle. El surf es un deporte que nació en el océano Pacífico, en Hawaii y California. El BMX nació también en California, como una forma de imitar el motocross en tierra. Los dos deportes llegaron a los Juegos Olímpicos juntos en Tokyo 2020, junto al skateboard y la escalada.
Y cuando el BMX necesitó un lenguaje para describir cómo evaluar la excelencia en sus rampas de hormigón, miró al surf y encontró la respuesta en las olas. El océano y el asfalto, unidos por un sistema de puntuación que intenta hacer justicia a la creatividad humana.