En los parques de Brooklyn, en los jardines de Little Italy de Manhattan, en los patios de los clubs italianos de South Boston y en los vecindarios de San Francisco llamados North Beach, la bocce forma parte del paisaje urbano desde hace más de un siglo. Llegó con los inmigrantes y se quedó, evolucionando de símbolo de la diáspora italiana a deporte popular estadounidense con decenas de millones de practicantes.
Los primeros años: bocce en los barrios italianos
La gran emigración italiana a Estados Unidos entre 1880 y 1920 trajo consigo no solo trabajadores sino una cultura deportiva completa. Los emigrantes se concentraron principalmente en las ciudades del noreste: Nueva York, Boston, Filadelfia, Providence, Chicago. En cada una de estas ciudades, los barrios italianos (Little Italy) desarrollaron sus propias instituciones comunitarias: iglesias, sociedades de ayuda mutua, restaurantes, y clubs sociales con canchas de bocce.
Las canchas eran el centro social de la comunidad masculina italiana. Allí se jugaba, se discutía de política, se hablaba del viejo país y se recibía a los recién llegados. El juego servía como puerta de entrada a la red social de apoyo mutuo que hacía posible la adaptación a la nueva vida.
Nueva York fue el principal centro de bocce italoamericana. En el parque de Washington Square, en el corazón de Greenwich Village, existió durante décadas un espacio de bocce donde jugaban los italianos del barrio. En Brooklyn y el Bronx, los clubs de bocce proliferaron en los años de mayor inmigración.
La bocce más allá de la comunidad italiana
A partir de los años 1940 y 1950, la bocce comenzó a extenderse más allá de los límites de la comunidad italiana. Los matrimonios mixtos, la movilidad social y el contacto intercultural introdujeron el juego a estadounidenses de otras procedencias. La facilidad para construir una cancha rudimentaria en un jardín privado o en un parque público favorecía la difusión informal.
Los años 1970 y 1980 vieron un auge de la bocce recreativa: los resorts de playa empezaron a instalar canchas para sus huéspedes, los parques públicos añadieron canchas de bocce junto a las de tenis y baloncesto, y la bocce empezó a aparecer en las barbacoas y reuniones familiares de todo tipo de estadounidenses, no solo de origen italiano.
La fundación de la USBF y la bocce competitiva
El paso de la bocce recreativa a la bocce organizada y competitiva requería una federación nacional. La United States Bocce Federation (USBF) fue creada para cubrir esa necesidad, estableciendo reglas uniformes, organizando campeonatos nacionales y representando a EE.UU. ante los organismos internacionales de bocce.
Bob Rones fue una figura clave en la organización de la bocce competitiva estadounidense. Como pionero y promotor incansable del deporte, Rones trabajó para dar a la bocce una estructura federativa sólida, estandarizar las reglas en todo el país y elevar el nivel de la competición americana al estándar internacional. Su labor permitió que los equipos estadounidenses participaran en los Campeonatos Mundiales de Bocce con representación organizada.
La bocce en el siglo XXI: de los parques a los bares
En las últimas dos décadas, la bocce ha vivido en Estados Unidos un renacimiento inesperado: el de los bares y restaurantes con canchas. En ciudades como Portland, Austin, Chicago, Nueva York y Seattle, cientos de locales de hostelería han instalado canchas de bocce indoor o outdoor como atracción para sus clientes. Este fenómeno ha introducido el juego a generaciones de jóvenes adultos que lo descubrieron como actividad social y de entretenimiento, no como tradición étnica.
La bocce es hoy uno de los juegos de exterior más practicados en EE.UU., con estimaciones que hablan de entre 25 y 35 millones de jugadores informales. La combinación de facilidad de aprendizaje, bajo coste de equipamiento y dimensión social del juego lo hace perfecto para el contexto norteamericano contemporáneo.