En la historia del bowling profesional americano, Earl Anthony ocupa un lugar singular: fue el primero en demostrar que un solo jugador podía dominar el PBA Tour de forma sistemática durante una década entera, acumulando un palmarés que nadie había reunido antes y que tardaría treinta años en ser superado.
El zurdo de Tacoma
Earl Anthony nació el 27 de abril de 1938 en Tacoma, Washington, y se convirtió en el primer zurdo en dominar el bowling profesional americano en la era televisiva. En un deporte donde la mayoría de las técnicas y los patrones de aceite estaban calibrados para diestros, Anthony adaptó su lanzamiento zurdo con una consistencia extraordinaria y lo convirtió en una ventaja: el lado izquierdo de las pistas de competición suele tener menos tráfico y más aceite, lo que favorece las líneas limpias.
Llegó al circuito profesional de la PBA en la segunda mitad de los años 60, pero su verdadero dominio comenzó a finales de los 70 y se extendió hasta los primeros 80. En ese período, ganó seis PBA National Championships —el equivalente al campeonato del mundo del circuito— y se convirtió en el primer jugador en alcanzar el millón de dólares en ganancias acumuladas de torneos, un hito que en aquella época tenía un valor simbólico enorme para la visibilidad del bowling como deporte profesional.
Los 43 títulos y el estándar de la era
Con 43 títulos PBA, Anthony fue el jugador más laureado de su generación y estableció el estándar de lo que significaba ser el número uno del circuito. Sus victorias no se concentraron en un tipo particular de torneo o condición de pista: ganó en centros de todos los formatos, en televisión directa y en la temporada regular, demostrando una versatilidad que iba más allá de la especialización.
La marca de los 43 títulos resistió durante décadas hasta que Walter Ray Williams Jr. la superó en 2006 al conseguir su título número 44. Williams acabaría con 47. Pero durante treinta años, el nombre de Earl Anthony fue sinónimo del récord de más victorias en la historia de la PBA, y su figura de jugador sereno, técnicamente impecable y competitivamente implacable definió la imagen del bowling profesional para una generación entera de aficionados americanos.
El legado fuera de los números
Anthony fue también el primer gran embajador mediático del bowling. Sus apariciones en la televisión americana durante los programas deportivos de los sábados —cuando el bowling tenía audiencias millonarias en las cadenas generalistas— pusieron rostro al deporte en los hogares estadounidenses. Su estilo de juego calmado, preciso y aparentemente sin esfuerzo era exactamente lo que la televisión podía comunicar bien: la elegancia mecánica, la repetición perfecta, la victoria sin drama innecesario.
Falleció el 14 de agosto de 2001, pero su legado persiste en el PBA, que nombró uno de sus premios de honor en su memoria. Para el mundo del bowling profesional, Earl Anthony es la referencia ineludible de lo que puede lograr un jugador con técnica, consistencia y longevidad.