El boxeo moderno tiene límites claros: 12 asaltos para los combates por el título mundial, con árbitro que puede parar el combate, médicos en el ringside y reglas estrictas sobre qué golpes son legales. Esto no siempre fue así. En el siglo XIX, el boxeo era un deporte radicalmente diferente donde la resistencia pura podía pesar más que la técnica, y los combates podían durar hasta que uno de los dos simplemente no podía seguir.
Antes de las reglas modernas
El boxeo a puño limpio —sin guantes, o con guantes mínimos— dominó hasta la segunda mitad del siglo XIX. En este sistema, un asalto no tenía duración fija: terminaba cuando uno de los boxeadores caía al suelo, intencionalmente o por un golpe. El siguiente asalto empezaba después de un breve descanso. No había límite de asaltos.
Las Reglas de Queensberry, codificadas en 1867, introdujeron los guantes, los asaltos de 3 minutos con 1 minuto de descanso, y la norma del conteo de 10. Pero la adopción de estas reglas fue gradual, y muchos combates de finales del siglo XIX seguían usando sistemas híbridos.
Andy Bowen contra Jack Burke: 110 asaltos
El 6 de abril de 1893, Andy Bowen y Jack Burke se enfrentaron en Nueva Orleans en un combate de boxeo ligero. Las reglas usadas en este combate específico permitían asaltos sin límite de tiempo, y el combate continuaba hasta que hubiera un ganador claro.
Los dos boxeadores pelearon y pelearon. Diez asaltos. Veinte. Cincuenta. Ochenta. Cien. Cada vez que un hombre caía, se levantaba al siguiente asalto. Los guantes —rudimentarios para los estándares modernos— apenas protegían. Los puños de ambos hombres terminaron destrozados.
Después de 110 asaltos y más de 7 horas de combate, el árbitro John Duffy tomó la única decisión posible: declarar “no contest”, un combate sin resultado. Los dos hombres estaban tan agotados y lesionados que ninguno podía continuar, pero ninguno había sido derribado de manera definitiva.
El combate es el récord Guinness oficial del combate de boxeo más largo de la historia.
El cambio que vino después
Este tipo de combates maratonianos empezaron a desaparecer a medida que las Reglas de Queensberry se adoptaron universalmente y se estableció un límite máximo de asaltos. La razón no era solo humanitaria: los espectadores y los promotores descubrieron que un combate bien estructurado de 15 asaltos era más comercialmente viable que una maratón que podía durar toda la noche.
Los límites de asaltos también cambiaron con el tiempo por razones trágicas. En 1982, el boxeador coreano Duk Koo Kim murió cuatro días después de un combate de 15 asaltos. La presión para reducir los combates a 12 asaltos fue irresistible, y todas las organizaciones mundiales adoptaron ese límite en los años siguientes.
Hoy, los 110 asaltos de Bowen y Burke parecen de otro mundo. Porque lo son.