En la historia del boxeo hay golpes bajos, cabezazos, empujones y todo tipo de infracciones. Pero ninguna tiene el poder icónico de lo que ocurrió la noche del 28 de junio de 1997 en Las Vegas. Mike Tyson mordió la oreja de su rival en el ring. Y el mundo se quedó sin palabras.
El combate antes del mordisco
Para entender lo que ocurrió esa noche hay que entender el estado mental de Mike Tyson. La primera pelea entre Tyson y Holyfield, en noviembre de 1996, había terminado con Holyfield ganando por KO técnico en el undécimo asalto. Había sido una humillación para Tyson, que llegó a ese combate como favorito aplastante y salió con su primera derrota ante un rival que era un claro perdedor para los apostantes.
En la revancha, Tyson llegó con una presión enorme. Y desde los primeros asaltos, el combate fue físico y sucio. En el segundo asalto, Holyfield chocó con la cabeza de Tyson y le abrió un corte sobre el ojo derecho. Los médicos del ring decidieron que la herida era accidental y el combate continuó.
Tyson, ya con el ojo lastimado, entró en el tercer asalto visiblemente agitado.
El momento
En el tercer asalto, durante un clinch —un abrazo de boxeo en que los dos rivales se agarran esperando que el árbitro los separe—, Tyson bajó la cabeza y mordió la oreja derecha de Holyfield. Arrancó un trozo de cartílago de aproximadamente 3 centímetros. Holyfield saltó hacia atrás de dolor.
El árbitro Mills Lane detuvo el combate, pero en un primer momento no descalificó a Tyson: los dejó continuar. Pocos segundos después, Tyson volvió a morder, esta vez la oreja izquierda. Lane paró el combate definitivamente y descalificó a Tyson.
El caos en el ring y en las gradas fue inmediato. Parte del equipo de Tyson intentó atacar al equipo de Holyfield. La policía tuvo que intervenir. Se lanzaron vasos y botellas desde las gradas. La transmisión en directo mostraba una escena que nadie en el mundo del boxeo había visto antes.
Las consecuencias
El trozo de cartílago de la oreja de Holyfield fue encontrado en el canvas del ring, recogido y guardado como evidencia por los inspectores de la Comisión Atlética de Nevada. El combate se clasificó como No Contest y la bolsa de Tyson fue parcialmente retenida.
La Comisión multó a Tyson con 3 millones de dólares (el máximo legal, el 3% de su bolsa) y le retiró la licencia de boxeo por un año.
Lo que nadie anticipó es que aquel mordisco marcaría el principio del fin de la carrera de Tyson como potencia del boxeo mundial. Recuperó la licencia y volvió a pelear, pero nunca recuperó su nivel anterior. Sus combates posteriores mostraron a un boxeador que había perdido algo más que la pelea contra Holyfield.
La oreja de Holyfield se curó. La carrera de Tyson no tanto. Y el “Bite Fight” se convirtió en una de las imágenes más inesperadas y surrealistas del deporte del siglo XX.