En la historia del boxeo hay grandes peleas. Y luego hay peleas que trascienden el deporte y se convierten en eventos culturales que dividen opiniones y definen épocas. El primer combate entre Muhammad Ali y Joe Frazier, celebrado el 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York, es el ejemplo más puro de esa segunda categoría.
El contexto que lo convirtió en algo más que boxeo
Para entender lo que aquel combate significaba, hay que recordar qué había pasado en los años anteriores. En 1967, Muhammad Ali —entonces campeón mundial de los pesos pesados— se negó a ser reclutado para la guerra de Vietnam. Argumentó que su religión islámica le impedía pelear en una guerra que no consideraba justa. Sus palabras exactas fueron: “Ningún vietnamita me ha llamado negra”.
Le retiraron la licencia de boxeo. Le quitaron el título mundial. Estuvo tres años y medio sin pelear, de los 25 a los 29 años, los mejores de cualquier deportista. Fue procesado por el gobierno federal y condenado a cinco años de prisión (sentencia que el Tribunal Supremo revocó finalmente en 1971).
En ese contexto, Ali se convirtió en símbolo para una parte de América: los que se oponían a la guerra de Vietnam, los jóvenes negros que veían en él un modelo de resistencia. Joe Frazier, que mientras tanto había ganado el título mundial en los años de la suspensión de Ali, representaba para muchos la otra cara: el trabajador negro que no desafiaba al sistema, que no hacía declaraciones políticas, que simplemente boxeaba.
Era una simplificación injusta de Frazier, que había sufrido la pobreza y la discriminación como cualquier negro americano de su generación. Pero las narrativas en tiempo de guerra raramente son justas.
La noche del 8 de marzo
El Madison Square Garden estaba lleno de celebridades, millonarios, políticos y periodistas de todo el mundo. Era la primera vez en la historia que dos boxeadores invictos peleaban por el título mundial. Los dos llevaban cero derrotas en sus respectivos reinados.
Durante quince asaltos, los dos hombres se castigaron de una manera que los médicos del ringside describieron después como extrema. Ali, más veloz, conectaba combinaciones y bailaba. Frazier, con su gancho de izquierda demoledor, buscaba entrar al cuerpo y a la cabeza.
En el decimoquinto asalto, Frazier conectó un gancho de izquierda que derribó a Ali. El campeón se levantó, pero el daño estaba hecho. Frazier ganó por decisión unánime. Primera derrota profesional de Ali.
La trilogía que terminó con todo
La revancha, en 1974, la ganó Ali por puntos. El tercer combate, la “Thrilla in Manila” de 1975, es considerado por muchos el mejor combate de boxeo de la historia: 42 grados de calor real en Manila, catorce asaltos de una violencia extrema, y al final Frazier abandonó porque apenas podía ver con el ojo izquierdo completamente cerrado.
Cuando terminó, los dos hombres estaban destrozados. Ali confesó después que había pensado en abandonar él primero. Los dos arrastraron los efectos físicos del combate durante el resto de sus vidas.
Frazier nunca perdonó completamente a Ali por los insultos racistas y los epítetos que Ali le había lanzado para vender la pelea. Ali, en sus últimos años, reconoció que había sido cruel. Frazier murió en 2011. Ali, en 2016. Sus tres combates siguen siendo el pico de la historia del boxeo moderno.