Hay una carrera en el mundo que trasciende el deporte hípico y se instala en la cultura popular más amplia. Una carrera que ve cómo uno de cada cuatro participantes no llega a la meta, que ha sido testigo de hazañas casi sobrenaturales y de tragedias que el público no olvida, que detiene al Reino Unido entero durante diez minutos cada mes de abril. Esa carrera es el Grand National de Aintree.
Historia: más de 180 años de tradición
El Grand National tiene sus raíces en las primeras décadas del siglo XIX. La primera versión reconocida como antecedente directo de la carrera actual se disputó en 1836 en el recorrido de Aintree, en las afueras de Liverpool. El formato no era exactamente el actual —los obstáculos y las distancias han variado a lo largo del tiempo—, pero el espíritu ya era el mismo: una prueba de resistencia extrema sobre un recorrido que ponía a prueba tanto la habilidad técnica del jinete como la fortaleza física del caballo.
La primera edición oficial con el nombre de Grand National se celebró en 1839, con el caballo Lottery como vencedor. Desde entonces, solo la Segunda Guerra Mundial interrumpió la continuidad de la prueba, entre 1940 y 1945. En todos los demás años, el primer sábado de abril ha visto partir a decenas de caballos desde los cajones de salida de Aintree.
El hipódromo de Aintree pertenece hoy al Jockey Club, el organismo regulador de las carreras en Gran Bretaña, tras una historia de propietarios privados que en algún momento pusieron en riesgo la continuidad de la prueba. En los años 70, el hipódromo llegó a estar a punto de ser vendido para convertirlo en zona residencial, lo que habría supuesto el fin del Grand National. El apoyo masivo de la opinión pública impidió ese desenlace.
El recorrido: 6,9 kilómetros, 30 obstáculos
El Grand National se disputa sobre una distancia de 6.907 metros, equivalentes a 4 millas y 2 furlongs y medio. Es la carrera plana y de obstáculos más larga de Gran Bretaña en el calendario regular. El campo de salida puede incluir hasta 40 caballos, lo que hace que los primeros obstáculos sean especialmente caóticos y peligrosos debido a la densidad del pelotón.
El circuito de Aintree tiene una forma elíptica con dos rectas paralelas. Los 30 obstáculos del Grand National se distribuyen en dos vueltas al circuito: en la primera vuelta se saltan 16 obstáculos (todos los del circuito), y en la segunda se saltan 14 (dos se omiten porque están demasiado cerca de la meta). Los obstáculos son setos de spruce (abeto) con base sólida, sustancialmente más altos y exigentes que los de las carreras de hurdles habituales.
Los obstáculos legendarios
Becher’s Brook: el quinto obstáculo de la primera vuelta y el décimo octavo de la segunda. Lleva el nombre del capitán Martin Becher, quien cayó aquí en la primera edición de 1839 y se refugió en la zanja de agua que hay al otro lado del seto. La zanja hace que el terreno de aterrizaje sea más bajo que el de impulso, con una pendiente pronunciada y la complicación adicional de que la orilla derecha es más profunda que la izquierda. Los caballos que aterrizan en el lado derecho deben absorber un impacto mayor, lo que requiere una técnica depurada.
Canal Turn: el octavo obstáculo. Inmediatamente después del salto, el recorrido gira casi 90 grados a la izquierda. Esto obliga al caballo y al jinete a anticipar el giro en el aire, algo que no se pide en ningún otro obstáculo de ninguna otra carrera del mundo. Los caballos que no conocen el recorrido tienen dificultades serias en este punto.
The Chair: el decimoquinto obstáculo, que solo se afronta en la primera vuelta. Es el más alto del recorrido, con 1,55 metros, y tiene la zanja de agua más ancha. Su nombre proviene de la silla del juez de campo que en el pasado se ubicaba en ese punto. Es considerado el obstáculo técnicamente más difícil del recorrido.
Valentine’s Brook: el sexto obstáculo, otra combinación de seto y zanja de agua, nombrado según la tradición popular en honor a un caballo que saltó el obstáculo el día de San Valentín en la edición de 1840.
Red Rum: el rey de Aintree
Si el Grand National tiene un héroe absoluto, ese es Red Rum. Un caballo de color castaño oscuro nacido en 1965 que, contra todo pronóstico, ganó la carrera más difícil del mundo en tres ocasiones: 1973, 1974 y 1977. Además, fue segundo en 1975 y 1976. En sus cinco participaciones, nunca llegó peor que segundo. Ningún otro caballo en la historia se ha acercado a esta marca.
La historia de Red Rum tiene un componente narrativo que va más allá del deporte. Comprado por el entrenador Donald “Ginger” McCain por un precio modestísimo, fue rehabilitado de una dolencia en los cascos mediante sesiones de galope por la playa de Southport, en Lancashire. McCain no tenía instalaciones de entrenamiento convencionales —preparaba a los caballos en el parking de su concesionario de coches— y Red Rum se convirtió en el símbolo de que la voluntad y la inteligencia pueden superar la falta de medios.
Red Rum se retiró en 1978 con 13 años y vivió hasta los 30, convirtiéndose en un embajador del deporte que asistía a eventos y desfiles. Fue enterrado en el poste de la meta de Aintree, el lugar que le pertenecía.
Accidentes y controversias
El Grand National no puede contarse sin hablar de sus tragedias. Las caídas, los caballos que no llegan a la meta y, en los casos más graves, las bajas de animales y jinetes forman parte de una realidad que la industria no puede ignorar.
La edición de 1993 es recordada por las peores razones: una salida nula que pasó desapercibida para muchos jockeys resultó en que la carrera fue declarada void (nula) cuando ya estaba mediada. Ningún resultado fue válido, ningún premio se entregó y la imagen de un Grand National sin ganador fue devastadora para la credibilidad de la carrera.
Las organizaciones de bienestar animal han presionado sostenidamente para mejorar las condiciones de seguridad. En respuesta, los organizadores han introducido cambios significativos: reducción de la altura de algunos obstáculos, mejora del terreno de aterrizaje con materiales absorbentes, protocolos veterinarios más estrictos y reducción del número máximo de participantes de 40 a 40 (con un proceso de calificación más exigente). Las estadísticas muestran una reducción notable en las bajas en las últimas dos décadas.
El Grand National en la cultura popular
Pocos eventos deportivos británicos han penetrado tan profundamente en la cultura popular. El Grand National es seguido por millones de personas que no siguen las carreras durante el resto del año; para muchas familias británicas, es la única carrera en la que apuestan. La BBC lo retransmite desde 1960, y los índices de audiencia superan habitualmente los ocho millones de espectadores.
La carrera ha inspirado novelas, películas y series de televisión. El libro y la película National Velvet (1944), protagonizada por Elizabeth Taylor, aunque ficcionada, contribuyó a crear el mito popular del Grand National. Décadas después, la historia de Aldaniti —un caballo que superó graves lesiones para ganar en 1981, montado por Bob Champion, jockey que había superado un cáncer— fue llevada al cine y se convirtió en uno de los relatos más emocionantes del deporte en cualquier disciplina.