En el mundo de las carreras de caballos, las estadísticas de victorias son el lenguaje universal de la grandeza. No importa el país, la época o la superficie: el número de victorias —y sobre todo la categoría de esas victorias— determina el lugar que un caballo ocupa en la historia del deporte. Estos son los caballos que han escrito los récords más extraordinarios.
Winx: la racha imbatible
Ningún récord en la historia del turf de carreras llanas se aproxima a los 33 victorias consecutivas de Winx entre agosto de 2015 y abril de 2019. La yegua australiana ganó cada carrera que disputó durante cuatro temporadas completas, en condiciones y distancias variadas, contra competidores de todo el mundo.
De esas 33 victorias, 25 fueron en pruebas de Grupo 1, lo que significa que Winx ganó más clásicas que cualquier otro caballo de la historia. El Cox Plate de Moonee Valley —considerado el campeonato de campeones del turf australiano— lo ganó en cuatro ediciones consecutivas. El Queen Elizabeth Stakes de Randwick, su carrera de despedida, fue su última actuación en la pista.
Para calibrar la magnitud del récord: el segundo caballo con más victorias consecutivas en el turf moderno es Black Caviar, también australiana, con 25 victorias en racha entre 2009 y 2013, todas ellas en carreras de sprint de Grupo 1. Black Caviar es el modelo de dominancia en las pruebas de velocidad corta, pero Winx la superó en distancia y en número de victorias.
Frankel: perfección invicta
La carrera de Frankel es la más perfecta en términos de relación entre victorias y número de salidas: 14 victorias en 14 carreras disputadas, con un rating final de 147, el más alto jamás otorgado por la IFHA. Todas sus victorias fueron convincentes, ninguna estuvo en duda, y sus últimas actuaciones —en el Champion Stakes de Ascot de 2012— se produjeron contra los mejores caballos europeos de su generación.
La diferencia con Winx está en el volumen: Frankel solo disputó 14 carreras en tres temporadas, mientras que Winx compitió en 43. Ambas filosofías —el campeón de pocas y selectas actuaciones versus el dominador de temporadas largas— producen carreras igualmente extraordinarias pero de naturaleza diferente.
Entre las victorias de Frankel, 10 fueron en Grupo 1, una tasa de éxito del 71% en la máxima categoría sobre el total de sus salidas, un porcentaje sin precedentes.
Black Caviar: la emperatriz del sprint
Black Caviar merece mención especial porque su racha de victorias —25 consecutivas— se produjo íntegramente en pruebas de sprint de Grupo 1, la categoría más competitiva de las carreras cortas. Esta yegua australiana ganó 15 de las 25 en el nivel máximo, siempre sobre distancias de 1.000 a 1.200 metros.
Su única visita a Europa, en el Diamond Jubilee Stakes de Royal Ascot de 2012, generó una expectación enorme y acabó en victoria, aunque de forma más apretada de lo esperado. La imagen de Black Caviar cruzando la meta como favorita absoluta en Ascot fue uno de los grandes momentos mediáticos del turf en ese año.
Los mayores ganadores en premios
Las estadísticas de premios ganados son un indicador imperfecto de la calidad de un caballo —los premios dependen de en qué países y en qué pruebas ha competido—, pero ofrecen una perspectiva valiosa sobre el impacto económico de los grandes campeones.
Arrogate (2013-2022) fue brevemente el caballo con más dinero ganado en premios en la historia americana. En su temporada pico de 2016-2017, ganó el Breeders’ Cup Classic, el Dubai World Cup y la Pegasus World Cup, acumulando más de 17 millones de dólares en premios totales. Su carrera fue corta —solo 11 salidas, con 7 victorias—, pero su concentración de victorias en las pruebas más dotadas lo llevó a cifras sin precedentes.
En Japón, caballos como Orfevre, Deep Impact y Equinox han acumulado premios que superan los 1.000 millones de yenes (aproximadamente 7-9 millones de dólares), gracias a los generosos dotaciones de las carreras de la JRA.
En Europa, Enable es la yegua con mayor cantidad acumulada en premios del turf europeo, con más de 12 millones de euros a lo largo de sus cuatro temporadas de competición (2017-2020). Sus victorias en el Prix de l’Arc de Triomphe de 2017 y 2018 —la carrera más importante de Europa— representaron buena parte de esa cifra.
Los palmarés históricos: una perspectiva
En el turf del siglo XIX y principios del XX, los programas de carreras eran mucho más extensos y los caballos competían con una frecuencia que hoy sería impensable. Kingston (1884-1912), el gran campeón americano de finales del siglo XIX, disputó 138 carreras a lo largo de su carrera, ganando 89 de ellas. En términos absolutos de victorias totales, estos caballos históricos superan con creces a los modernos, pero las condiciones de competición eran tan diferentes que la comparación carece de sentido.
En el turf europeo del siglo XX, Arkle —el gran campeón del steeplechase irlandés de los años 60— ganó 27 de sus 35 carreras sobre obstáculos, incluyendo tres Cheltenham Gold Cups consecutivos (1964, 1965, 1966). Es considerado el mejor caballo de obstáculos de todos los tiempos, con un dominio sobre sus contemporáneos comparable al de Frankel o Winx en el turf llano.
El valor de un campeón más allá de los premios
Los premios en metálico son solo una parte del valor económico de un gran campeón. Para los propietarios y criadores, el valor real de un caballo excepcional está en su potencial como reproductor. Frankel, retirado a la cría con una tarifa inicial de 125.000 libras por cubrición y cubriendo hasta 200 yeguas por temporada, puede generar ingresos de más de 20 millones de libras anuales como semental, multiplicando varias veces el valor de sus premios en carrera.
El caso extremo es el de Galileo, cuya tarifa de cubrición alcanzó los 600.000 euros en sus últimos años como semental. Si se calcula el ingreso total generado a lo largo de sus 20 años de actividad reproductora, la cifra supera con creces los 1.000 millones de euros, convirtiendo su valor total en uno de los más altos jamás alcanzados por un animal en toda la historia.
Esta dimensión económica explica por qué los grandes propietarios y criadores invierten cantidades astronómicas en los mejores caballos: la inversión en un semental de élite puede retornar multiplicada durante décadas.