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Ciclismo de gravel

Modalidad ciclista que se practica en bicicletas todoterreno diseñadas para rodar por caminos de grava, pistas de tierra y carreteras secundarias sin asfaltar.

Gravel racing vs cicloturismo: ¿competición o aventura?

El gravel alberga dos almas: la competitiva y la exploradora. La tensión entre quienes buscan ganar y quienes priorizan la experiencia define la cultura del gravel moderno.

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Dos almas bajo el mismo nombre

Desde sus primeros años de existencia, el gravel ha albergado en su interior una tensión creativa entre dos formas de entender la disciplina. Por un lado, los que ven el gravel como un deporte competitivo: una forma de medir sus capacidades contra otros ciclistas, de entrenar con metodología, de seguir clasificaciones y de buscar el podio en cada evento. Por otro lado, los que ven el gravel como una forma de exploración y aventura: una excusa para descubrir territorios nuevos, desconectar de la rutina y disfrutar del camino sin que el cronómetro tenga la última palabra.

Esta tensión no es exclusiva del gravel —también existe en el running, el triatlón o el trail— pero en el gravel tiene una dimensión particular porque la disciplina se construyó originalmente desde la segunda de estas filosofías.

El origen cicloturista del gravel

El Dirty Kanza, la carrera que dio origen al gravel moderno en 2006, era técnicamente una carrera. Pero su espíritu era cicloturista: no había primas, los tiempos de los últimos finishers eran tan celebrados como los de los primeros, y el objetivo declarado era que los participantes disfrutaran de la experiencia de rodar por los caminos del Flint Hills de Kansas. La comunidad que rodeó a esa primera carrera era gente que quería aventura, no ciclistas profesionales en busca de contratos.

Ese origen explica por qué muchos de los valores que todavía caracterizan a la cultura gravel —la autosuficiencia, el respeto por el compañero de viaje, la parada para ayudar a quien tiene un problema en ruta— no son propios del ciclismo de competición sino del cicloturismo de aventura.

La irrupción del gravel racing profesional

A partir de 2018 y, sobre todo, con el reconocimiento de la UCI en 2022, el gravel empezó a atraer a ciclistas profesionales procedentes de la carretera, el ciclocross y la mountain bike. La llegada de figuras como Mathieu van der Poel o Pauline Ferrand-Prévot al Mundial de Gravel, o de Ian Boswell y Alison Tetrick al Unbound Gravel, cambió la percepción pública de la disciplina y multiplicó su visibilidad.

Este proceso de profesionalización ha traído consecuencias positivas: mayor cobertura mediática, más patrocinadores, eventos mejor organizados y un nivel de rendimiento que empuja el límite de lo posible en la disciplina. Pero también ha generado inquietud en quienes sienten que el gravel está perdiendo su esencia al adoptar las dinámicas del pelotón profesional.

Por qué el gravel ha sabido mantener ambas almas

Lo que hace singular al gravel en el panorama deportivo es que, a diferencia de otras disciplinas que han evolucionado hacia la profesionalización perdiendo su base amateur, el gravel ha encontrado un modelo que mantiene ambas almas activas y coexistiendo.

El secreto está en el formato de los eventos. La mayoría de las grandes citas del calendario gravel ofrecen distancias múltiples: la distancia larga para los ciclistas competitivos y una o varias distancias más cortas accesibles para ciclistas de cualquier nivel. En el mismo evento, el primero en llegar y el último que cruza la meta a la luz de las estrellas comparten el mismo espacio de salida, el mismo recorrido y el mismo ambiente de camaradería. Esta coexistencia es posible porque en el gravel, a diferencia del ciclismo de carretera profesional, el rendimiento élite y la participación popular no están separados: ocurren al mismo tiempo, en el mismo camino.

El gravel ha encontrado así un equilibrio que muchos otros deportes envidian: puede ser a la vez una disciplina de alto rendimiento y un hobby accesible y social. Esa doble identidad es, probablemente, la razón más profunda de su éxito global.

Preguntas frecuentes

¿El gravel racing y el cicloturismo de gravel usan el mismo tipo de bicicleta y equipamiento?
La bicicleta es esencialmente la misma, aunque con diferencias de configuración. El ciclista de gravel competitivo prioriza el peso ligero, la aerodinámica y la eficiencia: neumáticos más estrechos y lisos, potencia en el manillar, sin portaequipajes. El cicloturista de gravel prioriza la comodidad y la capacidad de carga: neumáticos más anchos con algo de taco, bolsas de bikepacking para llevar ropa y herramientas, posición más erguida. Muchos ciclistas tienen configuraciones diferentes de la misma bicicleta para cada tipo de uso.
¿Es posible participar en una carrera de gravel sin ser un ciclista competitivo?
Sí, y de hecho la mayoría de los participantes en eventos de gravel no van a ganar. Los eventos más grandes ofrecen distancias variadas pensadas para diferentes niveles, y en los recorridos más largos la mayoría de los participantes compite contra sí misma, con el objetivo de completar la distancia y no de llegar antes que nadie. El ambiente de las carreras de gravel es notablemente más relajado que el de las competiciones ciclistas tradicionales, con paradas para fotografiar el paisaje, charlas entre participantes y un tono general que mezcla el espíritu competitivo con el cicloturista.

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