Un territorio hecho para el gravel
España es uno de los países con mayor potencial del mundo para el ciclismo de gravel, y la comunidad ciclista internacional lo ha reconocido. Mientras otros países europeos luchan por encontrar caminos sin asfalto donde rodar de forma continua, España tiene miles de kilómetros de pistas forestales, veredas, caminos de cabras, vías pecuarias históricas y carreteras secundarias de tierra que conectan pueblos, sierras y llanuras en una red prácticamente ilimitada.
La meseta castellana con sus extensas tierras de cultivo cruzadas por caminos de servicio; las sierras béticas con sus pistas de tierra roja que suben y bajan entre olivos y almendros; los Pirineos con sus puertos forestales de acceso restringido al motor; Extremadura con su dehesa y sus rutas trashumantes; el Maestrazgo valenciano con su soledad impresionante… España tiene el territorio que sueña cualquier amante del gravel.
El Badlands: cuando España se pone en el mapa mundial
La historia del gravel en España tiene un antes y un después claro: la primera edición del Badlands en 2018. Concebida por José María Muñoz (Josema), un ciclista andaluz apasionado de la aventura, esta carrera de ultra-distancia en autosuficiencia por los caminos más duros de Andalucía y Sierra Nevada fue inmediatamente reconocida como una de las más desafiantes del planeta.
El Badlands no es solo una carrera: es una declaración de principios sobre qué puede ser el ciclismo cuando se aparta de las carreteras y de las convenciones. Sus 800 o más kilómetros sin asistencia externa por parajes de belleza extrema y dificultad brutal pusieron a Almería, Granada y sus sierras en la conversación global del gravel de aventura.
La carrera creció con rapidez. Lo que empezó como un evento de nicho para un grupo reducido de ciclistas de ultra-distancia se convirtió en una prueba de referencia mundial que atrae a participantes de decenas de países. El proceso de selección de participantes, dada la demanda desbordante, pasó a ser por sorteo o por méritos deportivos acreditados.
La escena gravel española: un ecosistema en construcción
Paralelamente al Badlands, la escena gravel española fue construyéndose desde abajo. Los clubs ciclistas de toda España empezaron a organizar salidas de gravel, descubriendo que sus propios territorios tenían un potencial enorme que la bicicleta de carretera nunca había podido explorar. En Andalucía, en Cataluña, en el País Vasco, en Castilla, en Extremadura: en todas partes empezaron a surgir grupos de gravel, rutas compartidas en plataformas digitales y eventos locales.
El Andalugravel se convirtió en uno de los grandes eventos de participación masiva de gravel en España, con recorridos que llevan a los participantes por los paisajes únicos de la Andalucía profunda: cortijos, olivares, caminos blancos, sierra. El Gravel Valencia exploró los paisajes del interior valenciano y el Maestrazgo. La Transpirenaica en formato gravel empezó a ganarse su espacio como ruta de referencia de múltiples días.
Los ciclistas españoles y el gravel
El ciclismo español tiene una tradición fortísima en carretera, pero el gravel llegó para completar el panorama. Muchos ciclistas amateurs que se habían sentido atraídos por el ciclismo de carretera pero encontraban el pelotón demasiado peligroso o el entrenamiento demasiado estructurado descubrieron en el gravel una forma de disfrutar de la bicicleta con más libertad. La comunidad gravel española es heterogénea: hay corredores veteranos del cicloturismo, ciclistas de carretera que buscan un respiro de las caravanas y jóvenes que vienen directamente del mundo del mountain bike o incluso del senderismo.
La proliferación de contenido en redes sociales y plataformas como Komoot o Wikiloc, donde se comparten rutas de gravel por toda España, ha acelerado este proceso. Hoy es posible encontrar rutas de gravel bien documentadas en prácticamente cualquier rincón del país, lo que elimina una de las barreras principales para quien quiere iniciarse en la disciplina.
España como destino gravel internacional
El reconocimiento internacional de España como destino de gravel ha crecido de forma paralela a la popularidad del Badlands. Ciclistas de Francia, Alemania, Reino Unido y los países nórdicos viajan a España para rodar gravel en Andalucía, los Pirineos o Extremadura, atraídos por el clima, la gastronomía, los paisajes y la densidad de rutas disponibles. Agencias especializadas en cicloturismo ya ofrecen paquetes de gravel en España como producto estrella. El futuro del gravel español, tanto en términos de participación como de reconocimiento internacional, es claramente ascendente.