Los caminos de grava del Medio Oeste: el germen del gravel
La historia del ciclismo de gravel está íntimamente ligada a la geografía agrícola del Medio Oeste americano. En estados como Kansas, Nebraska, Iowa y Missouri, la red de carreteras rurales está formada en gran parte por caminos de grava compactada que conectan granjas, pueblos y ciudades pequeñas. A finales del siglo XX, un grupo de ciclistas aficionados a la aventura empezó a explorar estos caminos en bicicleta, descubriendo que ofrecían una experiencia radicalmente diferente: silencio, naturaleza, ausencia de tráfico y kilómetros interminables por paisajes abiertos.
A mediados de los años 2000, este fenómeno empieza a formalizarse. Los ciclistas que exploraban los caminos de grava comenzaron a organizar salidas grupales y, finalmente, carreras. La primera y más influyente fue el Dirty Kanza, fundado en 2006 en Emporia (Kansas) por Jim Cummins y Joel Dyke.
El Dirty Kanza: el evento fundacional
El Dirty Kanza (hoy rebautizado como Unbound Gravel) fue la primera gran carrera de gravel de la historia moderna. Su recorrido de 200 millas (320 km) por los caminos de grava del Flint Hills de Kansas reunió a 34 ciclistas en su primera edición. A diferencia de las carreras ciclistas tradicionales, no había convoys de apoyo, ni motos, ni circuito cerrado: los participantes pedaleaban solos por carreteras abiertas y debían ser autosuficientes.
El evento fue creciendo año tras año. En 2019, ya participaban más de 4.000 ciclistas de todo el mundo. En 2020, el nombre cambió a Unbound Gravel, pero el espíritu se mantuvo: una carrera de ultra-resistencia en caminos de grava que ponía a prueba la capacidad de sufrir y la preparación logística de los participantes.
El concepto “all-road”: entre el cicloturismo y el ciclocross
La idea de una bicicleta capaz de rodar eficientemente tanto en asfalto como en caminos no pavimentados no era nueva. El cicloturismo de larga distancia siempre había buscado bicicletas versátiles, y el ciclocross había demostrado que era posible rodar terrenos variados con una bicicleta de drop bar. La novedad del gravel fue combinar estas tradiciones con la velocidad y la eficiencia de la bicicleta de carretera moderna.
A principios de los años 2010, algunas marcas empezaron a hablar del concepto “all-road”: una bicicleta de drops capaz de afrontar cualquier tipo de camino. Los primeros modelos que podrían considerarse auténticas bicicletas de gravel, aunque sin ese nombre todavía, aparecieron entre 2012 y 2015.
El lanzamiento de las grandes marcas: 2016-2019
El periodo entre 2016 y 2019 fue clave para la consolidación del gravel como categoría de producto. Las grandes marcas lanzaron sus modelos icónicos que definieron el segmento. Specialized presentó la Diverge en 2016, con su sistema de amortiguación Future Shock en la horquilla. Trek lanzó la Checkpoint en 2018, con énfasis en la integración de bolsas de bikepacking y la versatilidad de uso. Cannondale introdujo la Topstone, con su revolucionario sistema de suspensión trasera pasiva KingPin.
Junto a ellas, marcas más especializadas como Salsa Cycles, Surly o All-City, con raíces en el cicloturismo de aventura americano, contribuyeron a definir la estética y la cultura del gravel. Shimano lanzó en 2018 el grupo GRX, el primer grupo ciclista específicamente diseñado para el gravel, con relaciones de transmisión más cortas para subidas en tierra y palancas de freno adaptadas al manillar acampanado.
El reconocimiento de la UCI y la llegada a Europa
Mientras el gravel crecía orgánicamente en Estados Unidos y empezaba a atraer a ciclistas profesionales de carretera y mountain bike, Europa también comenzaba a despertar. A partir de 2018, eventos como el Badlands en España o el Gravel Earth Series en varios países europeos empezaron a construir un circuito gravel europeo.
En 2022, la UCI dio el paso definitivo al organizar el primer Campeonato del Mundo de Gravel en Vermont. Este reconocimiento institucional sancionó lo que la industria y la comunidad ciclista ya sabían: el gravel no era una moda pasajera sino una disciplina con identidad propia y una comunidad global enorme.
El COVID y la explosión definitiva
La pandemia de 2020 actuó como acelerador extraordinario del gravel en Europa. Con las restricciones de movilidad, los ciclistas urbanos descubrieron los caminos rurales y los senderos como forma de escapar de las ciudades. Las ventas de bicicletas de gravel se dispararon. Muchos ciclistas de carretera que habían perdido el gusto por el pelotón descubrieron en el gravel una forma de disfrutar del ciclismo con más libertad y menos presión. Hoy, el gravel es el segmento de mayor crecimiento en la industria ciclista mundial.