Qué son las Clásicas de Primavera
Las Clásicas de Primavera son las carreras ciclistas de un día de mayor prestigio histórico del calendario internacional. A diferencia de las grandes vueltas por etapas (Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España), las clásicas son competiciones de un único día que ponen a prueba aspectos muy distintos: resistencia, potencia explosiva, capacidad de recuperación rápida y, sobre todo, la habilidad para gestionar la táctica en un entorno impredecible.
Las más importantes de las clásicas de primavera son los denominados “Monumentos” del ciclismo: la Milán-San Remo (celebrada en marzo), el Tour de Flandes (principios de abril), la París-Roubaix (mediados de abril) y la Lieja-Bastoña-Lieja (finales de abril), completados por el Giro di Lombardia en octubre. Son las cinco carreras más antiguas y con mayor tradición histórica del ciclismo de carretera.
Junto a los Monumentos, otras clásicas también forman parte del período dorado de la primavera ciclista: la Strade Bianche (en la Toscana italiana, sobre caminos de grava blanca), la Amstel Gold Race, la Flecha Valona y otras carreras del calendario WorldTour.
La París-Roubaix: el Infierno del Norte
La París-Roubaix es probablemente la carrera de un día más famosa y temida del mundo. Celebrada desde 1896, la “Reina de las Clásicas” o “Infierno del Norte” debe su apodo a los kilómetros de adoquines medievales (llamados “pavé”) que los corredores deben superar en la última parte de la carrera, en la región de Flandes francés.
Los tramos de adoquines, clasificados en estrellas según su dificultad, destrozan las manos y el cuerpo de los ciclistas, hacen estallar los neumáticos y crean caídas masivas que pueden destruir en segundos las aspiraciones de cualquier favorito. La llegada al velódromo de Roubaix, con el ganador cubierto de barro y polvo, es una de las imágenes más icónicas del deporte.
Los especialistas de la París-Roubaix son ciclistas de perfil especial: potentes, resistentes, capaces de manejar la bicicleta sobre un terreno inestable y con la dureza mental para soportar el sufrimiento. Fabian Cancellara ganó tres veces la Roubaix, y Tom Boonen también con cuatro victorias se convirtió en el más laureado de la era moderna. Mathieu van der Poel y Wout van Aert son los dominadores del presente.
El Tour de Flandes y las clásicas belgas
El Tour de Flandes (Ronde van Vlaanderen en flamenco) es la carrera más importante de Bélgica y el deporte nacional flamenco. Celebrado desde 1913, el Tour de Flandes discurre por las colinas del noroeste de Bélgica, con subidas cortas pero brutalmente empinadas (los famosos “muros” como el Koppenberg, el Muur de Geraardsbergen o el Paterberg) que exigen una potencia explosiva y una capacidad de repetición únicas.
Cuando llega el Tour de Flandes, Flandes entra en un estado de euforia colectiva. Millones de personas se agolpan en las laderas de los muros para animar a los corredores, creando una atmósfera de fiesta deportiva que no tiene paralelo en el ciclismo. Los ciclistas belgas que ganan el Tour de Flandes alcanzan un estatus de héroe nacional instantáneo.
La Lieja-Bastoña-Lieja, llamada “La Doyenne” (la decana) por ser la más antigua de las clásicas (1892), tiene un perfil completamente diferente: largas subidas en las Ardenas belgas que favorecen a los escaladores resistentes. Ha sido el terreno predilecto de corredores como Eddy Merckx (cinco victorias), Bernard Hinault, Sean Kelly y Alejandro Valverde, el español que ganó la Lieja en cuatro ocasiones.
La Milán-San Remo y el legado histórico
La Milán-San Remo es la clásica más larga del calendario: con sus 300 kilómetros aproximados, es también la más larga de todas las carreras de un día del WorldTour. Se celebra desde 1907 y recorre el norte de Italia desde Milán hasta el encantador pueblo costero de San Remo, en la Riviera italiana.
El perfil relativamente llano de la Milán-San Remo en la mayor parte de su recorrido favorece a los sprinters que son capaces de aguantar tres puntos de dificultad en el final: el Cipressa y la Poggio di San Remo, dos ascensiones que se suceden en los últimos kilómetros y que a menudo deciden la carrera. La llegada en el paseo de San Remo es una de las más elegantes y fotogénicas del ciclismo.
Eddy Merckx ganó la Milán-San Remo en siete ocasiones, un récord que parece inalcanzable. En la era reciente, la rivalidad entre Mathieu van der Poel, Wout van Aert, Tadej Pogacar y los mejores sprinters del mundo convierte a la “Primavera” en uno de los espectáculos más esperados del año ciclista.