La irrupción de Alemania y Austria en la combinada nórdica fue uno de los cambios más profundos en la historia del deporte. Durante siete décadas, los países nórdicos habían dominado con una autoridad que parecía inamovible. Pero a partir de los años 90, un grupo de atletas centroeuropeos cambió la historia del deporte para siempre.
Los precursores de los años 80
El dominio nórdico empezó a resquebrajarse antes de lo que se suele recordar. En los años 70, atletas de Europa central comenzaron a aparecer en los podios del Holmenkollen y de los primeros Campeonatos del Mundo FIS (que comenzaron en 1925 como Campeonato Mundial de Esquí Nórdico).
El gran salto cualitativo llegó en los Juegos de Calgary 1988, cuando el suizo Hippolyt Kempf ganó el oro en la prueba individual de combinada nórdica, el primer campeón no nórdico en mucho tiempo. Esta victoria fue una señal de que el monopolio escandinavo era vulnerable, y los equipos centroeuropeos lo interpretaron correctamente.
Los años 90: el surgimiento alemán
En la primera mitad de los años 90, la Alemania reunificada surgió como potencia de la combinada nórdica. La fusión de las tradiciones deportivas de la Alemania occidental (con su fuerte escuela de salto en Oberstdorf y los Alpes bávaros) y de la Alemania oriental (con su sistema de formación atlética de élite heredado del sistema soviético) creó un ambiente ideal para el desarrollo de combinadores de primer nivel.
Fred Børre Lundberg de Noruega ganó el oro en Lillehammer 1994, pero en los años siguientes la Copa del Mundo empezó a ver victorias alemanas y austriacas con más regularidad. El equipo alemán de combinada nórdica invirtió en tecnología de entrenamiento, análisis biomecánico del salto y programas de preparación física para el fondo que le daban una ventaja metodológica.
Felix Gottwald y la revolución austriaca
Austria tenía una tradición de salto de esquí muy potente (los Alpes austriacos producían excelentes saltadores) pero históricamente había carecido de fondistas de nivel mundial. En la década de 2000, Felix Gottwald cambió esa ecuación.
Gottwald era un saltador excepcional que trabajó su capacidad de fondo hasta niveles que le permitían competir con los mejores nórdicos en la segunda parte. Sus resultados olímpicos fueron espectaculares: ganó el sprint por equipos y el relevo en Salt Lake City 2002, y en Turín 2006 añadió otro oro en la prueba individual, convirtiéndose en el combinador austriaco más condecorado de la historia.
La victoria de Gottwald demostró que no era necesario venir de una tradición nórdica para ganar en combinada nórdica: bastaba con el talento, el trabajo y el sistema de entrenamiento adecuados.
El dominio alemán de los años 2000 y 2010
La primera y segunda décadas del siglo XXI fueron años de dominio alemán casi absoluto en la combinada nórdica. Ronny Ackermann ganó múltiples globos de cristal y fue campeón mundial. Tino Edelmann, Georg Hettich, Björn Kircheisen y Johannes Rydzek formaron un equipo alemán que era considerado el mejor del mundo.
El punto culminante llegó en los Campeonatos del Mundo de Falun 2015, donde el equipo alemán fue extraordinariamente dominante, con Rydzek ganando varios títulos mundiales consecutivos y el equipo germano llevándose prácticamente todo.
Eric Frenzel se convirtió en el símbolo de esta era dorada. Campeón olímpico en Sochi 2014 y PyeongChang 2018, múltiple campeón mundial y poseedor de un palmarés que le sitúa entre los mejores combinadores de todos los tiempos. Frenzel era el ejemplo perfecto del atleta total: un saltador sólido y un fondista de nivel olímpico, exactamente lo que exige la combinada nórdica.
La nueva generación y el regreso noruego
Paradójicamente, el dominio alemán de los 2010 fue interrumpido no por otros centroeuropeos sino por el regreso de Noruega con una nueva generación de talento encabezada por Jarl Magnus Riiber. El joven noruego nacido en 1997 comenzó su dominio de la Copa del Mundo a finales de los años 2010 y acumuló un número récord de victorias y globos de cristal consecutivos que reafirmó a Noruega como la gran potencia de la combinada.
La historia de la combinada nórdica en el siglo XXI es, por tanto, la de un deporte verdaderamente global en el que Noruega, Alemania, Austria, Finlandia, Japón y Francia se alternan en los podios, con una competitividad que hace cada temporada imprevisible y emocionante.
El legado de la era centroeuropea
La irrupción alemana y austriaca fue enormemente positiva para el deporte. Amplió la base de países competitivos, generó más interés mediático (especialmente en Alemania y Austria, mercados televisivos enormes), aumentó los presupuestos de los equipos y elevó el nivel técnico general. La competición que antes era una lucha entre noruegos y finlandeses pasó a ser un enfrentamiento internacional de primer nivel.