El derecho de ataque es la regla más compleja y controvertida de la esgrima, y la que más cuesta entender a los espectadores nuevos. Su propósito es reproducir una lógica de combate real: si alguien ataca primero y con intención, el defensor tiene la obligación de parar antes de contra-atacar. Si ambos se lanzan simultáneamente sin respetar este principio, la acción es un error táctico de los dos, y el reglamento lo resuelve otorgando el punto al que tenía la prioridad en ese momento.
La interpretación del derecho de ataque recae sobre el árbitro y es, reconocidamente, la parte más subjetiva de la esgrima. El director debe analizar a velocidad de reacción quién extendió el brazo primero, si la parada fue válida y si la respuesta fue inmediata o demorada. No existe un criterio estrictamente mecánico como en la espada, donde el aparato eléctrico decide por los milisegundos de diferencia: en florete y sable, el árbitro interpreta la acción según los principios del reglamento. Esta subjetividad es fuente de discusiones y es uno de los aspectos que más debate genera en la comunidad esgrimista.
En la práctica competitiva de alto nivel, los tiradores dominan la regla de prioridad de forma casi instintiva. Aprenden a ganar la prioridad con gestos mínimos, a forzar al adversario a una parada que abre la defensa y a responder con la velocidad suficiente para no perder la prioridad ganada. Los árbitros internacionales de élite se entrenan específicamente para leer estas frases de armas a velocidades extremas, y sus decisiones pueden ser revisadas por el sistema de vídeo en las competiciones de mayor nivel.