El director es la figura central del combate de esgrima, el árbitro que asume la responsabilidad de conducir el asalto con autoridad y conocimiento técnico. Su papel va mucho más allá de simplemente registrar los tocados que marca el aparato eléctrico: en florete y sable debe interpretar la lógica de cada intercambio, analizar a gran velocidad quién tenía la prioridad y tomar decisiones en fracciones de segundo que pueden cambiar el resultado de un combate. Es, en este sentido, uno de los árbitros más exigidos técnicamente en el deporte olímpico.
La formación de un director de esgrima es larga y rigurosa. Los árbitros internacionales deben pasar por un proceso de certificación de la Federación Internacional de Esgrima que incluye exámenes teóricos sobre el reglamento y evaluaciones prácticas de su capacidad para interpretar las frases de armas. La categoría más alta, el árbitro de categoría A de la FIE, permite dirigir combates en los Juegos Olímpicos y campeonatos del mundo. Alcanzar este nivel requiere años de experiencia y un conocimiento profundo de la técnica de las tres armas.
Durante el combate, el director se desplaza por los laterales de la piste manteniendo una posición que le permita ver las acciones desde el ángulo más favorable. Cuando se produce un tocado, dice «halte» para detener la acción y después describe en voz alta el análisis de la frase antes de otorgar el punto o negarlo. Esta narración en voz alta es una práctica pedagógica que permite a los tiradores, entrenadores y público seguir el razonamiento del árbitro, aunque en los combates más tensos su interpretación genere apasionados debates en las gradas.