«En garde» es mucho más que una frase protocolaria: es el momento en que el tirador activa su estado de alerta máxima y prepara su cuerpo y mente para el combate. La posición de guardia es la base sobre la que se construye toda la técnica de la esgrima. Un tirador bien colocado en guardia puede reaccionar con rapidez tanto al ataque como a la defensa, mientras que una guardia deficiente compromete la capacidad de ejecutar cualquier acción con eficacia.
La posición de guardia clásica implica situar el cuerpo de perfil respecto al adversario para reducir la superficie expuesta, flexionar ambas rodillas manteniendo el peso distribuido entre las dos piernas, extender el brazo armado a media altura con la punta del arma apuntando al rival, y colocar el brazo libre elevado para contrarrestar el movimiento. Los pies se sitúan perpendiculares entre sí, con el pie delantero orientado hacia el adversario y el trasero perpendicular al eje de combate, separados aproximadamente el ancho de los hombros.
El ritual de «en garde, prêts, allez» se repite a lo largo de todo el asalto cada vez que el árbitro interrumpe el combate. Esta secuencia no solo garantiza que ambos tiradores estén preparados, sino que también marca el ritmo del encuentro y proporciona breves instantes de recuperación física y mental entre las acciones. Para los aficionados que se acercan por primera vez al deporte, reconocer esta secuencia es el primer paso para comprender la estructura de un combate de esgrima.