El flèche es el ataque más explosivo y cinematográfico de la esgrima. Su nombre francés, que significa flecha, describe perfectamente la naturaleza de la acción: el tirador se dispara hacia adelante como un proyectil, lanzando todo el peso de su cuerpo en una carrera que no se detiene hasta que ha cruzado junto a su adversario. Esta acción requiere una combinación de velocidad, coordinación y valentía, ya que una vez iniciado el flèche no hay vuelta atrás.
La mecánica del flèche comienza con una ligera inclinación del tronco hacia adelante que rompe el equilibrio natural del tirador. En ese momento, la pierna trasera empuja con fuerza para propulsar todo el cuerpo en línea recta, mientras el brazo armado se extiende completamente. El tirador corre dos o tres pasos junto al adversario, pasando por su lado sin detenerse. Esta dinámica de cruce es característica del flèche y lo distingue de otras acciones ofensivas que terminan con el tirador frente a frente con el rival.
Aunque su espectacularidad lo hace popular entre los espectadores, el flèche es un arma táctica que debe usarse con criterio. Emplearlo demasiado frecuentemente permite al adversario anticiparse y preparar un contra-ataque en el momento en que el tirador está más comprometido. En la esgrima de alto nivel se utiliza como acción de sorpresa o como variante en la preparación de otro ataque, creando incertidumbre en el rival que no sabe si el atacante va a lanzar el fondo o el flèche hasta el último instante.