La guardia es el elemento de la empuñadura que separa la hoja del mango del arma y protege la mano del tirador. En la esgrima histórica, la guardia era un componente fundamental de las espadas de combate real, diseñado para evitar que la hoja del adversario se deslizara por la hoja propia y llegara a la mano o la muñeca. En la esgrima deportiva moderna, la guardia conserva esta función protectora, adaptada a las exigencias de cada modalidad y al sistema eléctrico de puntuación.
El diseño de la guardia es diferente en cada una de las tres armas y refleja directamente las reglas de puntuación. En espada, donde golpear la mano del adversario es una táctica válida y frecuente, la guardia es grande, casi un bol esférico de metal que envuelve completamente la mano. En florete, donde la mano está fuera de la zona válida, la guardia es mucho más pequeña y liviana, lo que contribuye a la ligereza total del arma. En sable, donde el dorso de la mano sí es puntuable, la guardia tiene una forma de cuchara o arco que protege esta zona específica.
Desde el punto de vista técnico, la guardia también actúa como el punto de apoyo desde el que el tirador ejerce control sobre su propia hoja. Las acciones de juego de hojas, como los batidos, las presiones y los deslizamientos, se transmiten a través de la guardia y el mango a la hoja propia, generando la respuesta deseada. Un tirador con buen juego de guardia puede sentir a través de este elemento las intenciones del adversario cuando las hojas están en contacto, una habilidad táctil que se desarrolla con miles de horas de práctica.